
En España, en 2025, la segunda generación de migrantes enfrenta serias dificultades para lograr una integración plena. Los jóvenes nacidos en el país de padres extranjeros se encuentran cada vez más en las filas del desempleo y no concluyen ni siquiera la educación básica. Según los datos más recientes, casi uno de cada cinco no logra encontrar trabajo, y la tasa de abandono escolar temprano entre este grupo sigue siendo una de las más altas del país.
Solo cuatro de cada diez jóvenes de esta generación obtienen el título de educación secundaria. La situación es aún más preocupante en la educación superior: apenas una cuarta parte de los jóvenes de familias migrantes termina la universidad. En comparación, entre los españoles esta cifra es casi una vez y media mayor. Como resultado, una parte significativa de estos jóvenes queda en riesgo de aislamiento social y no puede aspirar a un futuro estable.
El problema se agrava por el hecho de que muchos de estos adolescentes y jóvenes adultos no se sienten parte ni de España ni del país de origen de sus padres. En las escuelas enfrentan barreras lingüísticas y culturales, y en las calles sufren prejuicios y discriminación. En algunas regiones, como Murcia, líderes locales señalan que los adolescentes de familias migrantes a menudo quedan fuera de los sistemas de apoyo: pierden amistades, abandonan los estudios y caen bajo la influencia de la calle. Esto provoca un aumento de la pequeña delincuencia y un mayor alejamiento de la sociedad.
Se estima que en el país residen alrededor de 3,1 millones de personas de segunda generación de migrantes, lo que representa aproximadamente el 6,4% de la población total. Sin embargo, es difícil precisar la cifra exacta, ya que muchos ya han obtenido la ciudadanía española. Es importante destacar que la situación varía según el país de origen de los padres: los hijos de inmigrantes de China, Marruecos, Francia o Reino Unido enfrentan diferentes desafíos y parten de condiciones iniciales distintas.
Las proyecciones demográficas muestran que la proporción de hijos de migrantes en las escuelas seguirá en aumento. Actualmente, ya representan un tercio del alumnado en educación primaria y secundaria. Sin embargo, el sistema educativo no siempre logra compensar las dificultades iniciales que enfrentan estos niños. Como resultado, sus oportunidades de inserción laboral son considerablemente menores en comparación con sus pares de familias españolas. Entre los adultos nacidos de migrantes, la tasa de desempleo casi duplica la de los españoles nativos: 17% frente a 8%.
Los aspectos psicológicos también juegan un papel importante. Los jóvenes de familias migrantes a menudo experimentan un conflicto interno entre las expectativas de sus padres y la realidad de la sociedad española. Deben moverse entre dos culturas, lo que frecuentemente conduce a estrés, sentimiento de soledad e incluso agresividad. Además, muchos se enfrentan al racismo y los prejuicios, lo que refuerza aún más su sensación de aislamiento.
Expertos advierten: si no se toman medidas, España podría seguir el mismo camino que Francia, donde en los suburbios (banlieues) se han formado comunidades de migrantes que viven según sus propias reglas. Ya se observa en España un aumento de jóvenes que se sienten aislados y sin perspectivas de futuro. Para una integración exitosa, no solo son necesarias reformas educativas, sino también programas de apoyo que tengan en cuenta las particularidades culturales y psicológicas de la segunda generación.
En general, la situación requiere una atención especial por parte del Estado y la sociedad. Sin una integración efectiva en el mercado laboral y en el sistema educativo, el riesgo de que surja una «generación perdida» entre los hijos de migrantes se vuelve cada vez más real.












