
En los últimos años, España ha experimentado una notable disminución en el número de alumnos en las escuelas, consecuencia de la continua caída de la natalidad. Las autoridades regionales han aprovechado esta situación para revisar las normas máximas de ratio por aula. Mientras el Ministerio de Educación mantiene los estándares anteriores, las comunidades autónomas de todo el país están adoptando medidas para reducir de forma gradual el número de estudiantes por clase en los distintos niveles educativos.
Según el decreto vigente, aprobado en 2010, las aulas del segundo ciclo de Infantil y de Primaria pueden acoger hasta 25 alumnos, en Secundaria (ESO) hasta 30, y en Bachillerato hasta 35. Sin embargo, en los últimos quince años estas ratios no se habían revisado, a pesar de los cambios demográficos y de los nuevos estudios científicos sobre la influencia del tamaño de los grupos en la calidad educativa.
Mientras el Gobierno central no se apresura a cambiar la normativa, la mayoría de las comunidades autónomas ya han alcanzado acuerdos con los sindicatos para rebajar el número máximo de alumnos por aula. Según los datos del verano de 2025, 15 de las 17 regiones han establecido nuevos límites, por debajo de los estándares estatales. Por ejemplo, en Galicia no se permiten más de 20 alumnos en Infantil y Primaria, 25 en Secundaria y 30 en Bachillerato. En La Rioja y Castilla-La Mancha también se han implantado límites más bajos, y Asturias se ha convertido en la primera autonomía donde rige el mismo cupo para todas las etapas: 23 alumnos por clase.
En otras regiones, como Cantabria, Extremadura, Islas Canarias y Andalucía, las nuevas normas se acordaron en 2025. En Andalucía, por ejemplo, existe un sistema en el que los niños con necesidades educativas especiales cuentan como dos alumnos, lo que reduce aún más la ratio real en las aulas. En la Comunidad Valenciana y Castilla y León, para las escuelas rurales y zonas poco pobladas se han establecido límites aún más bajos — en ocasiones hasta 9-10 alumnos por clase.
Incluso en regiones densamente pobladas, como Madrid, Cataluña y Baleares, las autoridades han adoptado medidas para reducir el número de alumnos por aula. Se trata de un cambio de política destacado, ya que anteriormente la reducción de ratios era principalmente defendida por partidos de izquierda, mientras que las regiones conservadoras se oponían.
La reducción del número de alumnos por clase requiere no solo una revisión de la infraestructura, sino también un aumento del personal docente. Actualmente, el sistema educativo español cuenta con un número récord de profesores — casi 800.000, lo que supone 120.000 más que hace diez años. Esto permite ofrecer una atención más individualizada e identificar mejor las necesidades de los distintos grupos de estudiantes.
Estudios recientes confirman que reducir la ratio de alumnos por clase tiene efectos positivos en los resultados académicos, especialmente en primaria y en contextos sociales complejos. Disminuir el número de estudiantes en el aula ayuda a reducir los problemas de disciplina y aumenta la satisfacción tanto de docentes como de alumnos.
Sin embargo, esta medida requiere una considerable inversión financiera. Según estimaciones de expertos, reducir en un alumno el tamaño de cada clase a nivel nacional costaría al presupuesto aproximadamente 1.100 millones de euros, ya que sería necesario contratar a casi 29.000 nuevos profesores.
La disminución del número de alumnos en las escuelas no solo está relacionada con el descenso demográfico, sino también con el aumento de estudiantes extranjeros. En los últimos diez años, la proporción de niños extranjeros en los colegios ha crecido del 8,6% al 13%. Esto compensa parcialmente la reducción general del alumnado, especialmente en los cursos inferiores y en la formación profesional.
Al mismo tiempo, los expertos advierten que en los próximos años la llegada de migrantes podría frenar la reducción del número de alumnos, sobre todo en la educación primaria. Si la tendencia continúa, en unos años las escuelas podrían verse de nuevo ante la necesidad de aumentar el número de clases y retomar los grupos de integración para niños que no dominan el español.
Por ahora, las comunidades autónomas siguen regulando de forma independiente el tamaño de las clases, adelantándose a las decisiones del gobierno central. Los sindicatos insisten en que se den más pasos y exigen al Ministerio de Educación propuestas concretas para reducir los límites. Si no se alcanza un acuerdo, a principios del curso escolar podrían producirse nuevas protestas y huelgas.
De este modo, España atraviesa una etapa clave de reformas en el sistema escolar, en la que las regiones asumen la iniciativa para mejorar las condiciones de enseñanza, aprovechando los cambios demográficos como una oportunidad para aumentar la calidad educativa.












