
El sistema judicial español rara vez se enfrenta a situaciones en las que un nuevo juez asume el cargo con una edad que supera notablemente la media nacional. Este hecho no pasó desapercibido ni para los profesionales del sector ni para el público en general, ya que plantea cuestiones sobre el acceso a la profesión, los estereotipos y las verdaderas oportunidades para las personas mayores.
Este año captó la atención pública la ceremonia de entrega de credenciales a los nuevos jueces celebrada en Barcelona. Entre los 121 graduados se encontraba una persona que destacaba no solo por su experiencia, sino también por su edad. Su presencia generó expectación incluso entre los invitados de alto rango: el propio rey Felipe VI quiso saber dónde estaba este singular protagonista e intercambió con él un par de bromas. La pregunta del monarca sobre qué le motivó a dar este paso no fue casual: la media de edad de los nuevos jueces es de apenas 29 años, mientras que el protagonista de la historia celebrará su 65 cumpleaños la próxima semana.
Un recorrido poco común
El camino hacia la toga judicial para este hombre fue largo y desafiante. Durante más de treinta años ejerció como abogado, y el deseo de cambiar de profesión maduró en él durante dos décadas. Sin embargo, solo pudo prepararse para las oposiciones cuando su vida profesional y personal le permitió centrarse en los estudios. Tras siete años de preparación, tuvo que superar no solo el cansancio y las dudas, sino también la idea de estar rodeado de colegas hasta 30 o 35 años más jóvenes.
Entre los nuevos jueces, él resultó ser una verdadera excepción. Lo reconoce sin rodeos: «Fue difícil, era un bicho raro». Dos meses antes de comenzar sus estudios en la Escuela Judicial, tuvo que prepararse mentalmente para estar rodeado de gente de otra generación. A pesar de todo, compañeros e incluso los padres de otros graduados mostraban admiración por su perseverancia y su logro.
Desafíos y cambios
Ventajas y dificultades le acompañaron en cada etapa. Su experiencia como abogado facilitó tanto la teoría como la práctica, aunque su costumbre de hablar despacio, algo habitual entre los nacidos en Canarias, a veces le suponía un obstáculo en los exámenes. Originario de un modesto barrio de Zarate en Las Palmas de Gran Canaria, no oculta su orgullo por sus raíces y recalca que su historia demuestra que no solo las personas de la ‘élite’ pueden llegar a ser jueces.
Su vida personal también cambió: afrontó un divorcio, tiene un hijo adulto que ahora se prepara para las oposiciones a maestro, y siente una constante nostalgia por sus queridas islas Canarias. Sin embargo, su nuevo destino laboral le espera en Amposta, donde ocupará su plaza como juez. No ha conseguido quedarse en su tierra natal, pero eso no le resta importancia al hecho: cambiar de profesión tras tantos años como abogado ha sido un auténtico reto para él.
Motivación y perspectiva profesional
La decisión de dejar la abogacía estuvo motivada no solo por el cansancio, sino también por el deseo de trabajar en un sistema donde se valore la neutralidad. Según él, el abogado se ve obligado a defender los intereses de una de las partes, incluso en ocasiones en contra de sus propias convicciones. El juez, en cambio, debe garantizar el equilibrio y la justicia, y ese aspecto se convirtió en el principal motivo de su cambio.
Siete años de preparación para los exámenes estuvieron marcados por un cansancio constante y la necesidad de compaginar estudios y trabajo. En un momento logró ganar un caso, lo que le permitió abandonar temporalmente la abogacía y dedicarse por completo a la preparación. Sin embargo, cuando se acabaron los recursos, tuvo que volver a combinar el trabajo con los estudios, sacrificando su tiempo personal y sus rutinas habituales.
Contexto y tendencias
Las historias de personas que cambian radicalmente de profesión en la madurez son cada vez más visibles en España. En los últimos años, se han dado a conocer casos de especialistas de diversos ámbitos —desde la medicina hasta la educación— que, después de los 50 años, deciden afrontar nuevos retos. Estos cambios suelen responder al deseo de cumplir sueños de larga data o encontrar una nueva vocación. En el sistema judicial tales ejemplos son poco comunes, lo que hace que este caso sea especialmente relevante para el debate sobre la igualdad de oportunidades y la superación de las barreras de edad.












