
En pleno corazón de la capital española cobra vida nuevamente una de las tradiciones más coloridas de México. En la calle Alberto Aguilera, 20, dentro de la Fundación Casa de México, los visitantes son recibidos por un altar inconfundible. Aquí, entre catrinas emplumadas, calaveritas de azúcar y el aroma del pan de muerto, madrileños y turistas pueden sentirse como protagonistas de la película «Coco», pero en la vida real.
Este año, los organizadores decidieron sorprender al público: el altar está ambientado al estilo cabaret, transportando a los asistentes al México de principios del siglo XX. La instalación se inspira en los míticos locales donde brillaron estrellas como Jesusa Rodríguez y Tito Vasconcelos. El proyecto fue diseñado por el arquitecto y diseñador Guillermo González, con la colaboración de Andrés Medina, Luis Ech. Muñoz y Arlett Salas. El foco de atención son las figuras de catrinas vedettes a tamaño real hechas de papel maché, esferas de cristal y una pared entera de calaveras acrílicas, que evocan las ancestrales tradiciones de los tzompantli.
La exposición puede visitarse de manera gratuita, aunque para las visitas exclusivas es necesario registro previo. Cada rincón del altar está lleno de detalles: fotografías de los que se han ido, sus platillos favoritos, flores y objetos personales que evocan a quienes ya han cruzado al Mictlán – el mítico inframundo. El ambiente es especial: parece que la frontera entre los mundos se vuelve más delgada y el recuerdo de los antepasados, más vivo.
La celebración del Día de los Muertos en México no es solo cenas familiares y calles decoradas, sino un verdadero caleidoscopio de influencias culturales. En este día cobran vida rituales ancestrales mayas y aztecas, y las tradiciones contemporáneas se entrelazan con la historia. En Madrid, a pesar de los miles de kilómetros que la separan de México, se logró transmitir ese espíritu: aquí suena la música, brillan las máscaras y el aroma de las flores y dulces llena el aire. Para muchos habitantes de la ciudad, esto no es solo una exposición, sino una oportunidad de acercarse a otra cultura y recordar sus propias raíces.











