
A comienzos del siglo V, el Imperio Romano de Occidente atravesaba momentos difíciles. La guerra entre el emperador Honorio y el usurpador Constantino III agotaba Iberia, abriendo el paso a la invasión de tribus bárbaras. En 411, según narran las crónicas, los pueblos invasores firmaron un acuerdo para repartirse los territorios españoles. Los suevos se establecieron en el sur de Galicia, los vándalos ocuparon el norte de esta región y la Bética, mientras que a los alanos, nómadas de origen iraní, les correspondieron las zonas centrales y occidentales de la península, donde incluso lograron fundar su propio reino, aunque de corta duración. Tras una serie de derrotas a manos de los visigodos y la muerte de su líder Addax, el estado alano desapareció ya en 419. La brevedad de su dominio hizo que durante mucho tiempo apenas se les recordara.
Recientemente, en las cercanías de Salamanca, arqueólogos hallaron en una antigua losa una imagen que, según ellos, podría ser el primer testimonio artístico de la presencia de guerreros alanos en el territorio español. En un trozo de pizarra de 47 por 36 centímetros, descubierto en el pequeño asentamiento de Alconada, están grabadas dos figuras humanas, un caballo y una misteriosa serpiente que desciende en diagonal.
El personaje central destaca por su túnica larga y la mano extendida hacia otra persona. El segundo personaje lleva algo similar a una gorguera de malla y un cinturón con un motivo en forma de red. El caballo está representado con brida y riendas claramente dibujadas, y en su cabeza se aprecia una protección frontal. La serpiente, aunque no aparece por completo debido a daños en la losa, es reconocible por sus escamas y las peculiares «barbas» en la piel.
Anteriormente se consideraba que esta escena ilustraba el relato bíblico de la Ramera sobre la Bestia, pero nuevas investigaciones han refutado esa interpretación. En la imagen faltan detalles clave propios de los relatos apocalípticos, como la bestia de varias cabezas o la copa con impurezas. En su lugar, los investigadores han puesto atención en los detalles del equipo militar: el cinturón, la gorguera de malla, el casco y la armadura lamelar señalan a un jinete de caballería pesada de élite, típico de las unidades alanas y sármatas de la Antigüedad tardía.
La serpiente resulta especialmente interesante, ya que los arqueólogos tienden a considerarla una representación estilizada del draco, un estandarte de viento característico de los jinetes nómadas. Es posible que el artista que observó la escena no comprendiera del todo el propósito de este objeto, lo que llevó a una interpretación inusual. Errores similares se observan en la representación del cinturón: sus partes podían estar distorsionadas por una comprensión incompleta o una observación superficial.
Al parecer, el autor del dibujo quedó tan impresionado por lo que vio que decidió inmortalizar a este guerrero inusual para las generaciones futuras. Tras la caída del reino alano, parte de este pueblo se integró en otros grupos étnicos, pero algunas tradiciones y elementos de su armamento continuaron existiendo durante mucho tiempo. El nuevo hallazgo no solo confirma la presencia de los alanos en el centro de la península ibérica, sino que también permite reconsiderar su papel en la historia de la región.












