
En una de las viviendas de la avenida Arcentales, en San Blas (Madrid), estalló un escándalo que conmocionó a los vecinos. Una familia con un bebé pequeño, que alquila una habitación, se vio envuelta en una situación peligrosa: se encontraron fragmentos de vidrio en un tarro de comida para su hijo de diez meses.
La madre del pequeño, mientras preparaba la comida, notó unas partículas duras extrañas en el puré. Al mirar más de cerca, se dio cuenta de que eran trozos de cristal. Sin dudarlo, avisó a la policía de inmediato. Los agentes que llegaron confirmaron la presencia de objetos peligrosos en la comida infantil y comenzaron a investigar lo sucedido.
La sospecha recayó enseguida sobre una pareja que también vive en el piso. Anteriormente ya habían surgido conflictos entre los inquilinos, y ahora la situación ha derivado en un caso penal. El hombre y la mujer, de 57 y 49 años respectivamente, fueron detenidos acusados de causar daños a la salud. Tras declarar, quedaron en libertad y regresaron al mismo domicilio, donde siguen conviviendo con la familia del niño afectado.
La situación se ha vuelto insoportable para los padres del bebé. Se ven obligados a permanecer en su habitación por miedo a nuevas provocaciones. Según cuentan, las amenazas no han cesado: supuestamente les insinuaron que podrían arrojar al niño por la ventana para desalojar la vivienda. La familia asegura que los arrendadores están haciendo todo lo posible para forzar su salida y que, por eso, graban con el móvil cada vez que salen de la habitación, por si ocurre algún nuevo incidente.
La madre del niño aún no logra recuperarse del impacto tras lo que vio en el frasco con comida. Confiesa que no se siente segura y no sabe cómo proteger a su hijo. Los intentos de obtener una orden judicial de restricción no han tenido éxito, y la familia sigue viviendo con miedo constante, esperando una pronta solución a la cuestión de la vivienda o la intervención de las autoridades.












