
En la sala de plenos de las Cortes Valencianas se vivió un intenso debate provocado por las consecuencias de las devastadoras inundaciones que azotaron la región a finales de octubre del año pasado. El presidente del gobierno autonómico, Carlos Mazón, no ocultó la ironía al dirigirse al responsable del área de climatología del servicio meteorológico, José Ángel Nuñez, al que llamó «el jefe de las lluvias». Según Mazón, la falta de información sobre el inminente fenómeno fue una de las causas de la tragedia, que se cobró la vida de 229 personas.
En respuesta, representantes del servicio meteorológico subrayaron que las alertas sobre posibles precipitaciones peligrosas fueron enviadas con antelación. El responsable territorial, Jorge Tamayo, destacó que el aviso de nivel rojo se emitió a tiempo y que la profesionalidad de Nuñez no está en duda. No obstante, a pesar de estas declaraciones, continúan los debates en la sociedad sobre quién es responsable de la insuficiente preparación ante la catástrofe.
Mazón tampoco dejó de mencionar al jefe del departamento hidráulico, Miguel Polo, a quien sarcásticamente llamó «el jefe de los barrancos». Ambos organismos estatales fueron criticados por el gobierno regional por un supuesto retraso en informar sobre la magnitud de la amenaza. Al mismo tiempo, los meteorólogos insisten en que su labor consiste en advertir sobre los riesgos, mientras que la coordinación de acciones posteriores corresponde a las autoridades locales.
Durante la investigación, se reveló que la reunión de emergencia del gabinete de crisis fue convocada solo después del almuerzo, cuando la situación ya estaba fuera de control. Según Núñez, la población no recibió una alerta adecuada en las horas de la mañana, lo que podría haber salvado vidas. Tamayo añadió que el nivel rojo de alerta se mantuvo hasta la tarde y que los pronósticos no anticiparon un impacto tan fuerte en la propia Valencia y el aeropuerto. Poco después de la tragedia, apareció en la red una grabación de la conversación entre especialistas del servicio meteorológico y los servicios de emergencia, en la cual se discutía que el pico del temporal se esperaba hacia el mediodía y que la situación solo empeoraría.
Como resultado de la tragedia en Valencia, no solo quedaron destrucción y pérdidas, sino también serias preguntas sobre el sistema de alerta y la coordinación entre los servicios. La sociedad exige respuestas, mientras que las autoridades y expertos siguen responsabilizándose mutuamente, sin apresurarse a reconocer sus propios errores.












