
Ha pasado un año desde el devastador impacto de la DANA en la Comunidad Valenciana, y las labores de reconstrucción siguen lejos de completarse. De los 2.360 millones de euros destinados a paliar las consecuencias del desastre, las autoridades regionales solo han logrado ejecutar una cuarta parte. Esto significa que el 74% del presupuesto sigue sin emplearse, y muchas ciudades y localidades continúan viviendo entre ruinas.
En municipios como Paiporta, Catarroja y Sedaví, todavía no se han recuperado infraestructuras clave: colegios, bibliotecas, polideportivos e incluso piscinas. Las obras de refuerzo del cauce del Barranco del Poyo se han retrasado y la amenaza de nuevas inundaciones persiste. Los vecinos denuncian la falta de servicios básicos: los ascensores no funcionan, muchos coches han sido dados de baja y desplazarse por el municipio se ha convertido en una auténtica odisea.
La burocracia frena la recuperación
Las autoridades atribuyen el lento avance a la complejidad de los trámites y a la falta de personal especializado. Aunque se prometió agilizar el proceso, para septiembre de 2025 gran parte de las infraestructuras sigue en estado lamentable. De los 1.490 millones de euros destinados a apoyo directo a familias y empresas, solo se ha abonado poco más de la mitad. En 2024, de los 700 millones aportados por el Estado, apenas se han gastado 292 millones.
Los planes para la utilización de los fondos parecen demasiado optimistas: incluso según los cálculos más ambiciosos, para finales de 2025 quedará sin gastar cerca de mil millones de euros. Esto genera descontento no solo entre los vecinos, sino también entre las autoridades municipales, que exigen mayor flexibilidad y autonomía en la gestión de los recursos.
Consecuencias sociales y emocionales
La recuperación tras la DANA no se limita solo a reparar carreteras y edificios. La gente sigue sintiendo los efectos de la catástrofe: muchos perdieron su hogar, su negocio o su modo de vida habitual. En Paiporta, donde los daños fueron máximos, la rehabilitación del metro y otros servicios clave costó cientos de millones, pero aún falta mucho para volver a la normalidad. Según expertos, la recuperación total podría tardar al menos seis o siete años.
El trauma psicológico y la sensación de abandono solo agravan la situación. Los vecinos afirman que no solo les falta ayuda material, sino también apoyo moral. Las autoridades prometen acelerar el ritmo, pero los cambios todavía avanzan demasiado despacio.
Desacuerdos políticos y exigencias de cambio
La cuestión de la reconstrucción ha provocado intensos debates entre el gobierno regional y el central. Ambas partes se acusan mutuamente de ineficiencia y de retrasar los plazos. En este contexto, los ayuntamientos exigen simplificar la burocracia y mayor libertad para tomar decisiones que permitan acelerar el regreso a la vida normal.
Un año después de la DANA, la Comunidad Valenciana sigue luchando contra las secuelas del desastre. La mayor parte de los fondos asignados no ha llegado a sus destinatarios y la reconstrucción avanza lentamente. Para miles de vecinos de la región, recuperar la normalidad sigue siendo una promesa lejana.












