
En 1996, el puerto de Málaga inició una gran modernización de su terminal de contenedores. Han pasado casi treinta años y los procesos judiciales relacionados con este caso apenas están llegando a su fin. Una historia que empezó con planes ambiciosos terminó convirtiéndose en uno de los escándalos de corrupción más sonados de la región.
Todo salió a la luz por casualidad: en febrero de 2008, el buque Stolt Capability chocó contra un pilar del muelle. Fue entonces cuando se descubrió que la longitud de los pilotes era menor de lo que indicaban los documentos y que el coste de las obras había sido inflado. Dos años después tuvo lugar otro incidente: un portacontenedores no pudo atracar por falta de profundidad en el muelle, a pesar de que según los papeles se cumplían los requisitos. Estos hechos marcaron el inicio de una investigación a gran escala.
Crisis interna
Tras descubrirse las irregularidades, la dirección del puerto se vio envuelta en el escándalo. El director José Antonio Caffarena, quien fue el primero en alertar sobre los problemas, fue destituido por el nuevo presidente del puerto, Paulino Plata, apenas dos semanas después de su nombramiento. Los trabajadores organizaron una huelga prolongada y el líder sindical Juan Antonio Triviño inició una huelga de hambre para llamar la atención sobre la corrupción.
En ese momento, el puerto atravesaba dificultades financieras: tras la pérdida de los cargamentos de petróleo en el año 2000, los ingresos cayeron drásticamente. La ley exigía que las autoridades portuarias fueran autosuficientes financieramente, lo que obligó a buscar soluciones poco convencionales. Una de ellas fue el proyecto de construir un hotel rascacielos, que aún no se ha llevado a cabo debido a la burocracia.
Proceso judicial
Solo trece años después de las primeras denuncias de Caffarena, el tribunal dictó sentencia. Dos ingenieros responsables del control de las obras fueron declarados culpables de falsificación de documentos y malversación. Se les condenó a un año y medio de prisión y a tres años de inhabilitación profesional. El tribunal concluyó que los ingenieros manipularon deliberadamente los datos para aumentar los beneficios de los contratistas a costa de fondos públicos.
Las empresas Dragados y Sando, que participaron en las obras, fueron consideradas beneficiarias de las ganancias ilícitas. Tendrán que pagar compensaciones según su porcentaje en el proyecto: Dragados — 48%, Sando — 32%. La tercera empresa, Urbaser, llegó previamente a un acuerdo extrajudicial y ya abonó su parte del daño.
El mecanismo del fraude
El tribunal detalló cómo se produjo la sobrevaloración de los trabajos. En un caso, las empresas contratistas declararon que las estructuras de hormigón estaban sumergidas en el lecho marino a mayor profundidad de la real, lo que les permitió obtener casi tres millones de euros por encima de lo estipulado. Otros 850.000 euros se lograron mediante la simulación de un aumento en el volumen de los trabajos de dragado. Además, los contratistas se apropiaron de 236.000 euros adicionales al inflar artificialmente la profundidad y el alcance de las obras de construcción de la banqueta.
El perjuicio total ascendió a unos cuatro millones de euros. El tribunal determinó que todos los implicados en el esquema deberán reembolsar al puerto los daños ocasionados. Actualmente, la cantidad a compensar, sin contar los intereses, supera los tres millones de euros.
Apelación y consecuencias
Las empresas Dragados y Sando ya han anunciado su intención de recurrir la sentencia ante el Tribunal Supremo. Los representantes de Sando confirmaron que están estudiando la posibilidad de presentar un recurso de casación. Dragados, por su parte, aún no ha emitido comentarios oficiales.
El presidente de la Autoridad Portuaria, Carlos Rubio, destacó que la recuperación de los fondos será un paso importante para restablecer la justicia y la reputación del puerto. Según señaló, la situación financiera de la entidad ya no es tan crítica como en los años en que estalló el escándalo.
Implicación política
La investigación implicó a tres expresidentes del puerto, todos ellos vinculados al partido socialista. Bajo el mandato de Enrique Linde se llevaron a cabo obras de construcción polémicas. Durante el breve periodo de José Sánchez Maldonado, la investigación no avanzó significativamente. En la etapa de Paulino Plata, fue despedido el director que primero alertó sobre las irregularidades.
El tribunal tuvo en cuenta la duración del proceso y redujo las penas debido a la dilación de los procedimientos. No obstante, el caso se ha convertido en uno de los ejemplos más destacados de la lucha contra la corrupción en proyectos de infraestructuras en Andalucía en las últimas décadas.










