
La cuestión de los pisos turísticos ilegales en Madrid vuelve a estar en el centro del debate. Para los residentes de la capital, no es solo una discusión legal: está en juego la calidad de vida, el acceso a la vivienda y la transparencia de las políticas urbanas. A pesar de las contundentes declaraciones del ayuntamiento sobre la lucha contra el alquiler ilegal, la realidad en los barrios sigue siendo tensa: se imponen multas, pero el negocio continúa.
La paradoja de Valverde 41
La mayor indignación la provoca el edificio número 41 de la calle Valverde (Valverde), situado en pleno corazón de Malasaña (Malasaña). Allí, pese a haber recibido dos negativas oficiales para cambiar el uso de las viviendas, los pisos se siguen promocionando intensamente y se alquilan a turistas. Las autoridades municipales rechazaron en dos ocasiones —en septiembre de 2024 y nuevamente hace mes y medio— la solicitud de transformar estas viviendas en alojamientos turísticos. Sin embargo, los anuncios para alquilar apartamentos no desaparecen de las plataformas más populares y el flujo de visitantes se mantiene constante.
En el pleno municipal, esta dirección se ha convertido en símbolo de la inacción institucional. La oposición acusa abiertamente a la administración de no tomar medidas reales y de que las sanciones se quedan en el papel. Incluso los socialistas han presentado una denuncia oficial, señalando las actividades ilegales. Sin embargo, los pisos siguen alquilándose por precios que oscilan entre 145 y 440 euros por noche, según la temporada y la web.
Multas y realidad
Según datos oficiales, en Madrid hay más de 15.000 apartamentos que se alquilan a turistas sin autorización. En el último año, se han recibido casi 1.300 denuncias sobre este tipo de inmuebles. Las autoridades han impuesto sanciones a 92 propietarios, y en tres casos las multas alcanzaron los 60.000 euros por reincidencia. Sin embargo, en la práctica, los dueños solo suspenden temporalmente su actividad para luego volver al mismo modelo.
En el caso de Valverde 41 la administración municipal rechazó considerar el plan especial para cambiar el estatus del edificio, alegando el incumplimiento de requisitos técnicos. Un portavoz del departamento de urbanismo evitó comentar tanto la publicación de anuncios como los posibles pasos futuros. La empresa gestora Madrid Rentals Family, responsable de estos apartamentos, no responde a los medios.
La ciudad frente a los arrendadores
Los vecinos del edificio y de las fincas colindantes observan el constante trasiego de turistas y expresan su preocupación. Su inquietud es comprensible: ruido, inestabilidad y la sensación de que las leyes no se aplican a todos por igual. El Ayuntamiento, por su parte, informa de una reducción en el número de anuncios en Airbnb, atribuyéndolo al plan Reside, que prohíbe el alquiler turístico en edificios con residentes permanentes.
Sin embargo, la oposición sostiene que la reducción no se debe a la efectividad de las medidas, sino a la implementación de un nuevo registro de alquileres de corta duración. Además, critican la falta de inspectores capaces de controlar de manera efectiva el cumplimiento de las normativas urbanísticas. Representantes de Más Madrid también acusan al gobierno municipal de inacción y excesivo formalismo.
Doble moral
La concejala Lucía Lois considera que el caso de Valverde 41 es un ejemplo claro de doble moral. Según ella, la actividad hotelera se realiza sin licencia y el plan Reside no resuelve el problema de los pisos abiertamente ilegales. Como resultado, a pesar de las declaraciones públicas, el mercado ilegal de alquiler sigue existiendo y los vecinos sufren las consecuencias en su día a día.
Mientras las autoridades presumen de logros y la oposición exige medidas reales, los apartamentos turísticos en el centro de Madrid siguen generando beneficios para sus propietarios. Y la pregunta de quién se beneficia realmente de esta situación permanece abierta.












