
La situación en las vías ferroviarias españolas preocupa tanto a expertos como a pasajeros: la falta de personal en Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias) ha provocado la sobrecarga de los Centros de Regulación y Control (CRC), responsables de la seguridad y coordinación del tráfico de trenes en todo el país. Las consecuencias ya se sienten: tras la tragedia en Adamuz, donde fallecieron 46 personas, y en medio de constantes quejas de los maquinistas sobre el estado de las vías, la carga de trabajo de cada operador ha alcanzado niveles récord.
Ante la aguda escasez de personal, un solo responsable del tráfico ferroviario debe gestionar diariamente más de un centenar de llamadas protocolarias, relacionadas con incidentes y fallos técnicos. Cada aviso no es una mera formalidad, sino una medida obligatoria de seguridad: el operador informa al maquinista sobre problemas en la línea o impone restricciones de velocidad para evitar nuevos accidentes. Sin embargo, cuando el volumen de estos mensajes supera los límites razonables, aumenta el riesgo de errores, lo que repercute directamente en la seguridad de miles de pasajeros.
Aumento de la carga de trabajo
Los sindicatos ferroviarios señalan que la crisis de personal en Adif no es nueva. Tras los recientes accidentes en las líneas de alta velocidad de Córdoba y en Rodalies en Cataluña, el número de protocolos de emergencia se ha multiplicado. Según representantes del sector, esto se ha convertido en una especie de “reacción defensiva” de la empresa: para evitar responsabilidades, los operadores se ven obligados a imponer masivamente restricciones y advertir a los maquinistas ante cualquier mínima anomalía.
Muchos maquinistas aseguran que han informado reiteradamente de los defectos en las vías con anticipación, esperando que los problemas se resuelvan rápidamente sin necesidad de medidas extraordinarias. Sin embargo, en la práctica, la plantilla de los Centros de Regulación es tan reducida que resulta imposible responder a todas las solicitudes a tiempo. Según los sindicatos, el funcionamiento óptimo del sistema requiere al menos 300 empleados adicionales solo en el servicio de circulación.
Geografía del problema
En España funcionan 19 Centros de Regulación y Control, distribuidos a lo largo de toda la red ferroviaria. De ellos, cuatro gestionan las líneas de alta velocidad (incluidas Madrid, Zaragoza, Albacete y Antequera), mientras que el resto atiende rutas convencionales. En el sistema trabajan unas 3.000 personas, pero esa cifra resulta claramente insuficiente para cubrir todas las necesidades.
La situación es especialmente crítica en los centros de Zaragoza y Albacete: aquí, los empleados se ven obligados a trabajar incluso en sus días libres para evitar un colapso total. Anteriormente, los sindicatos lograron aumentar el número de vacantes y las compensaciones por trabajar fuera del horario habitual, pero estas medidas fueron temporales y no solucionaron el problema de fondo.
Consecuencias de las decisiones
El acuerdo sobre pagos adicionales por trabajo en fines de semana y festivos estuvo vigente hasta finales del año pasado. Se suponía que para entonces la plantilla estaría completa, pero eso no ocurrió. Además, un mes después de la finalización del acuerdo, la dirección de Adif aún no ha respondido a la solicitud de prorrogar los pagos, a pesar de que la escasez de personal persiste.
En algunos centros ya ha llegado la orden de suspender el pago de turnos extra para los despachadores y técnicos. Esto podría llevar a la unificación de tramos de circulación y a una reducción del número de puestos de guardia, lo que impactaría directamente en la capacidad de respuesta y en el nivel de seguridad en las vías férreas.
Atasco en las negociaciones
La crisis se agrava debido al estancamiento en las negociaciones del nuevo convenio colectivo de Adif. Siguen sin resolverse cuestiones sobre turnos, trabajo en fines de semana y festivos, así como compensaciones por condiciones laborales especiales. Los empleados denuncian que su salario no varía según el día de la semana o festivo: tanto un martes cualquiera como Navidad se pagan igual.
Mientras las partes no alcanzan un compromiso, la carga sobre los empleados restantes sigue aumentando, y tanto pasajeros como maquinistas temen nuevos fallos e incidentes. En las redes sociales se discute cuánto más durará esta inestabilidad y si desembocará en otra tragedia ferroviaria.











