
En la capital española se ha desatado una nueva oleada de enfrentamiento diplomático: las autoridades del país decidieron expulsar de Madrid al embajador de Nicaragua, Mauricio Carlo Gelli, y a su adjunto. Esta medida es una respuesta reflejo a la reciente expulsión del embajador español Sergio Farré Salvá por iniciativa del gobierno nicaragüense. El Ministerio de Asuntos Exteriores de España subraya que actúa exclusivamente en virtud del principio de reciprocidad; sin embargo, tras esta explicación formal se esconde una crisis mucho más profunda en las relaciones entre ambos países.
La situación se complica por el hecho de que el diplomático español en el centro del escándalo llevaba apenas unas semanas en el cargo. Su nombramiento fue aprobado por el Consejo de Ministros a principios de diciembre, y solo en enero tuvo lugar la recepción oficial en la embajada. Sin embargo, apenas veinte días después de asumir, Farré Salvá se vio obligado a abandonar Managua a petición de las autoridades nicaragüenses. Como respuesta, Madrid no tardó en reaccionar: el domingo se tomó la decisión de expulsar al jefe de la misión diplomática de Nicaragua y a su principal asistente, Miguel Mahiques Núñez.
Escalada de tensión
Las autoridades españolas no han revelado los detalles que motivaron medidas tan drásticas por parte del régimen nicaragüense. Sin embargo, en círculos diplomáticos reconocen abiertamente que las relaciones bilaterales llevan tiempo lejos de ser ideales. El gobierno español no reconoció la reelección de Daniel Ortega como presidente en 2021, lo que marcó uno de los puntos de partida para una serie de reproches y desencuentros mutuos.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de España se limitó a un breve comentario, subrayando que, a pesar de la crisis actual, el país pretende seguir manteniendo buenas relaciones con el pueblo de Nicaragua. No obstante, en los pasillos diplomáticos no se descarta que el conflicto pueda prolongarse y que sus consecuencias para los lazos bilaterales sean mucho más profundas de lo que parece a simple vista.
Historia de un enfrentamiento
No es la primera vez que Madrid y Managua se ven envueltos en una chispa diplomática. En 2021, poco después del nombramiento de José Manuel Albares como ministro de Asuntos Exteriores, España ya había retirado a su embajador de Nicaragua. Entonces, la causa fue un duro comunicado de la cancillería nicaragüense que acusó a España de injerencia en asuntos internos e incluso mencionó temas delicados como las actividades del GAL y la cuestión catalana.
El intento de retornar al embajador a Managua en marzo de 2022 no tuvo éxito: las autoridades nicaragüenses se negaron a otorgar la acreditación y, en respuesta, amenazaron con tomar medidas similares. Poco después, el embajador de Nicaragua fue retirado de Madrid. Solo varios meses después, en julio, la parte española envió a Managua a un nuevo representante, quien pudo asumir oficialmente el cargo únicamente a comienzos de 2023. Parecía que la crisis estaba superada, pero los acontecimientos actuales demuestran lo contrario.
Diplomacia al borde
Los acontecimientos recientes han vuelto a poner en entredicho la estabilidad de las relaciones entre España y Nicaragua. La semana pasada, Mauricio Carlo Gelli, quien hace poco participó en la tradicional recepción ofrecida por el rey Felipe VI en Madrid, se vio envuelto en el centro de un escándalo internacional. Su salida forzada de España simbolizó no solo la agudización del conflicto, sino que también fue una señal de alarma para otros países atentos a la evolución de la situación.
En ámbitos diplomáticos señalan que medidas tan drásticas rara vez conducen a una rápida solución. Por el contrario, pueden provocar una nueva ola de desconfianza y acusaciones mutuas. El gobierno español, a pesar de las declaraciones oficiales de voluntad de diálogo, se ve obligado a actuar en circunstancias donde cada paso puede interpretarse como una muestra de debilidad o, por el contrario, de excesiva dureza.
Consecuencias y expectativas
Mientras los funcionarios de ambos países evitan hacer comentarios detallados, la comunidad de expertos analiza posibles escenarios para la evolución de los acontecimientos. Algunos analistas consideran que la crisis actual podría prolongarse y que las relaciones diplomáticas entre España y Nicaragua están al borde de la ruptura. Otros creen que ambas partes encontrarán la manera de reducir la tensión para evitar una mayor escalada.
En cualquier caso, la situación sigue siendo sumamente inestable. La sociedad española observa con interés el desarrollo de los hechos, mientras que en los círculos diplomáticos no descartan nuevas e inesperadas acciones por parte de Managua. Por ahora, la incógnita de si se logrará restablecer la confianza entre ambos países sigue sin resolverse.











