
En 2026, España podrá recurrir por primera vez a un nuevo mecanismo paneuropeo que le permitirá reasignar parte de los migrantes llegados a otros países de la Unión Europea o recibir compensación económica a cambio. Esta decisión se debe a que el país lleva varios años enfrentándose a un flujo récord de personas que cruzan sus fronteras de manera irregular.
Según el plan que prepara la Comisión Europea, España, junto con Italia, Grecia y Chipre, tendrán acceso a un fondo especial de solidaridad. Este fondo está diseñado para apoyar a los países que soportan la mayor presión migratoria. El mecanismo consiste en redistribuir al menos 30.000 solicitantes de asilo cada año entre los estados miembros de la UE. Si algún país se niega a acoger migrantes, deberá compensar económicamente o proporcionar otro tipo de ayuda.
El año pasado se debatía una compensación de hasta 22.000 euros por cada refugiado rechazado, aunque actualmente no se mencionan cifras concretas. El importe de los pagos y el volumen total del fondo se decidirán en un foro especial con representantes de todos los países participantes. Se espera que el presupuesto global supere los 600 millones de euros.
La Comisión Europea ya ha elaborado un ranking de países según el nivel de presión migratoria. España y otros tres países mediterráneos se encuentran en la categoría más compleja. Además, 12 países han sido identificados como zonas de riesgo y podrán contar con apoyo prioritario. Los demás Estados podrán reducir sus aportaciones al fondo si demuestran que también están bajo una presión significativa.
Equilibrio entre responsabilidad y apoyo
Las autoridades de la UE destacan que el nuevo sistema debe restaurar la confianza entre los países y reforzar el control en las fronteras exteriores. Una tarea clave será agilizar la tramitación de las solicitudes de asilo y establecer procedimientos efectivos para devolver a quienes se les niegue el estatus. Además, los países podrán elegir cómo contribuyen al reparto de la carga: acogiendo personas, realizando pagos o prestando ayuda material.
Para España, esta decisión abre la posibilidad de reducir la presión sobre la infraestructura y los servicios sociales, así como recibir recursos adicionales para gestionar los flujos migratorios. Al mismo tiempo, el mecanismo prevé flexibilidad para aquellos países que no estén dispuestos a aceptar nuevos migrantes, pero sí a apoyar a sus socios, ya sea financieramente o de otra manera.
Se espera que la implementación del nuevo sistema cambie el enfoque frente a la migración en la UE y permita a los países en primera línea afrontar de manera más eficaz los retos derivados del aumento de personas procedentes de fuera de Europa.











