
La cuestión de la legalización de los migrantes vuelve a centrar la atención de la sociedad española. La decisión del gobierno de iniciar una nueva amnistía masiva para extranjeros que se encuentran en el país sin documentos podría afectar el destino de cientos de miles de personas, así como influir en la economía, el mercado laboral y la estabilidad social. Para muchos españoles, esto no es solo una medida burocrática: está en juego el futuro de familias enteras, la competencia por el empleo y los posibles cambios en la forma de vida habitual.
El proyecto acordado entre el PSOE y Sumar contempla el inicio de un proceso extraordinario de regularización, que se llevará a cabo mediante un real decreto especial. Es relevante destacar que para su aprobación no será necesaria la autorización del Parlamento, lo que ya ha provocado una oleada de críticas por parte de la oposición y una parte de la sociedad. Según estimaciones preliminares, alrededor de medio millón de personas podrían beneficiarse de esta nueva medida, siempre que puedan demostrar que llegaron a España antes de finales de 2025, que no tienen antecedentes penales graves y que residen en el país al menos cinco meses en el momento de presentar la solicitud.
Contexto histórico
Este tipo de medidas no son nuevas para España. En las últimas décadas, varios gobiernos han recurrido a regularizaciones de emergencia de migrantes, enfrentando cada vez intensos debates y reacciones divididas en la sociedad. En 1986, cuatro años después de asumir el poder, el gabinete de Felipe González impulsó la primera regularización masiva. Entonces, tras la aprobación de una nueva ley sobre derechos y libertades de extranjeros, todos aquellos que se encontraban en el país sin la documentación adecuada pudieron acceder al estatus legal, siempre que no tuvieran infracciones graves y contaran con medios de subsistencia.
Durante tres meses, los extranjeros debían presentar la documentación requerida, aunque el plazo finalmente fue ampliado. Como resultado de este proceso, casi 40 mil personas lograron la regularización. Ya en 1991, el gobierno de González volvió a abrir la puerta a quienes trabajaban en España sin papeles, permitiendo que regularizaran sus permisos de residencia y empleo. Los criterios incluían empleo estable o negocio propio, además de la posibilidad de legalizar a los familiares que se encontraran en situación irregular en el país. En dos años, más de 100 mil personas aprovecharon esta oportunidad.
Momentos decisivos
Con la llegada al poder de José María Aznar en 1996, se puso en marcha una nueva fase de regularización, esta vez con requisitos más estrictos. Solo quienes ya se encontraban en España antes de comenzar el año y contaban con un permiso de trabajo o residencia podían aspirar a un nuevo estatus. En ese periodo, unos 21 mil personas obtuvieron documentos, y en los años siguientes —gracias a medidas adicionales adoptadas en 2000 y 2001—, más de medio millón lograron regularizar su situación.
Menos de un año después del cambio de gobierno en 2004, el gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero volvió a recurrir a la regularización masiva. En 2005 se aprobó un decreto especial que permitió a más de 570 mil extranjeros conseguir permisos de trabajo y residencia. Los empleadores tuvieron tres meses para tramitar la documentación de empleados que llevaban al menos medio año en el país. Los contratos se formalizaron bajo la condición de que solo entrarían en vigor tras la obtención del permiso.
Retos actuales
La iniciativa actual del gobierno genera tantas preguntas como las anteriores. Por un lado, los partidarios de la regularización sostienen que ayudará a sacar a la luz una importante parte de la economía sumergida, incrementará la recaudación fiscal y garantizará la protección de los derechos de los grupos más vulnerables. Por otro lado, los opositores temen que una amnistía masiva pueda provocar una nueva oleada de migración irregular, aumentar la presión sobre los servicios sociales y generar malestar entre la población local.
Se presta especial atención al hecho de que la decisión se toma sin un debate parlamentario, lo que se percibe como un intento de eludir los procedimientos democráticos. Ya hay voces en la sociedad que expresan preocupación de que estas medidas puedan desencadenar nuevos conflictos políticos e incluso protestas. Sin embargo, la experiencia de años anteriores demuestra que, a pesar de las polémicas, cada ola de regularización ha dejado una huella profunda en la historia del país y ha transformado su paisaje demográfico y económico.
Mirando al futuro
Mientras los detalles del nuevo proceso siguen sin definirse, expertos y organizaciones sociales observan atentamente el desarrollo de los acontecimientos. Continúa la incertidumbre sobre cómo se llevará a cabo la siguiente amnistía, qué categorías de migrantes podrán acogerse a esta oportunidad y cómo esto influirá en el mercado laboral. Lo único claro es que España vuelve a enfrentarse a una difícil decisión que determinará no solo el destino de cientos de miles de personas, sino también el futuro de todo el país.











