
En la Comunidad de Madrid estalla un escándalo en torno al funcionamiento de los hospitales gestionados por la red privada Quirónsalud. Desde 2019, las resonancias magnéticas se programan en plena madrugada: algunos pacientes acuden a realizarse pruebas a las cuatro de la mañana. Esta práctica ha provocado una oleada de indignación entre vecinos y expertos: unos acceden rápidamente al diagnóstico, mientras que otros esperan meses su turno.
En el hospital de Villalba se realizan hasta 26 resonancias magnéticas por noche, citando a los pacientes cada veinte minutos. Todo el proceso está altamente automatizado: la única vez que la persona ve al personal es en la sala de diagnóstico. Para Quirónsalud, esto es rentable: la Comunidad paga entre 130 y 199 euros por cada prueba, según su complejidad. Sin embargo, para los vecinos la realidad es otra: pueden esperar más de un año para una consulta o un análisis.
¿Por qué avanza tan despacio la lista de espera?
La posibilidad de elegir hospital libremente, introducida durante el mandato de Esperanza Aguirre, permitió a los pacientes pedir cita donde el acceso fuera más rápido. Como resultado, muchos prefieren centros privados, donde la espera es menor. Quirónsalud atrae activamente a estos pacientes ‘externos’, lo que acaba saturando el sistema y hace crecer el malestar entre los vecinos, que no logran obtener cita en su propio barrio.
En 2023, las clínicas Quirónsalud de Madrid atendieron a decenas de miles de pacientes de otras regiones. En 2024, las autoridades dejaron de publicar estos datos, lo que solo aumentó las sospechas de falta de transparencia y posible colusión. Los sindicatos afirman que se da prioridad a los pacientes foráneos, mientras que las condiciones laborales del personal no mejoran. Las autoridades insisten en que los residentes locales no están afectados, pero la confianza en estas declaraciones se está desmoronando.
Efectos secundarios: aparcamientos, cancelaciones y fatiga
El sistema también falla en otros aspectos. Los aparcamientos de los hospitales están saturados y las cancelaciones de citas se vuelven cada vez más frecuentes —tardan en ofrecer alternativas—. Quienes reciben citas de noche aceptan, ya que no quieren esperar aún más. Para muchos, es la única oportunidad de recibir atención, aunque sea en un horario poco conveniente.
Todo esto refleja un problema más profundo: la sanidad pública no soporta el flujo de pacientes, mientras que los centros privados aprovechan la situación para aumentar sus beneficios. Al final, quienes viven cerca del hospital pero no consiguen cita a tiempo son los más perjudicados. El sistema, diseñado para garantizar acceso igualitario, se parece cada vez más a una lotería en la que no todos resultan ganadores.











