
En Barcelona se ha inaugurado una exposición singular dedicada a los últimos días de Pompeya, un evento que ya ha despertado el interés de los barceloneses. La muestra ocupa más de dos mil metros cuadrados en el Palau Victòria Eugènia de Montjuïc, que se ha convertido temporalmente en el nuevo hogar del Espai Ideal. Los organizadores apuestan por tecnologías modernas para mostrar no solo la catástrofe, sino también la vida cotidiana de la antigua ciudad, algo que puede cambiar la forma en que muchos españoles perciben la historia.
Los visitantes se sumergen de inmediato en el centro de la acción: la realidad virtual los transporta a la arena del anfiteatro, donde se desarrollan escenas con gladiadores, carros e incluso un tigre. Después, el espacio se llena de agua y comienza una batalla naval —la naumaquia— que puede observarse como si fuera desde debajo del agua. Este enfoque permite no solo contemplar los objetos expuestos, sino literalmente revivir los momentos que en su día cambiaron el destino de la ciudad.
Tecnología y ambiente
La exposición combina artefactos romanos originales, réplicas de los célebres moldes de yeso de las víctimas de la erupción y zonas fotográficas interactivas con inteligencia artificial. Los visitantes pueden adoptar la apariencia de habitantes de Pompeya, dejar sus propios grafitis en pizarras especiales e incluso ver cómo se verían como ciudadanos de la antigua Roma. Se presta especial atención a los detalles: en una de las áreas ya han aparecido inscripciones en latín, y el ambiente se refuerza mediante efectos sonoros y visuales.
La parte principal de la exposición son proyecciones de 360 grados que sumergen al visitante en la atmósfera de la ciudad en vísperas de la catástrofe. Con la ayuda de gafas de realidad virtual, se puede recorrer la famosa Villa de los Misterios y observar cómo se restauran los interiores bajo una capa de ceniza, mientras cobran vida escenas del pasado. En la última sala, donde se encuentra la estatua de Proserpina y el altar de los dioses domésticos, se escuchan presagios del desastre, intensificando el impacto emocional.
Contexto histórico
Como destaca El País, la exposición es fruto de la colaboración entre la comisaria Miriam Uéscar y el guionista Nacho Ares, quienes se inspiraron en la novela de Edward Bulwer-Lytton. Los organizadores buscaron combinar la ficción artística con los últimos hallazgos científicos: a diferencia de las películas populares, aquí no hay ríos de lava, sino los verdaderos flujos piroclásticos que destruyeron la ciudad. Este enfoque permite contemplar la tragedia desde la perspectiva de una persona actual, sin perder el romanticismo ni el drama.
La exposición no pone el énfasis en la erótica ni en la violencia excesiva, lo que la hace adecuada para visitar en familia. Esto se debe no solo a la orientación hacia un público amplio, sino también a que la muestra ya ha recorrido países con distintas tradiciones culturales. La atención se centra en cambio en los detalles cotidianos, los rituales religiosos y las historias personales de los habitantes de Pompeya.
Nuevos formatos y comparaciones
Los organizadores destacan que su proyecto se diferencia de la exposición del año pasado en Drassanes Reials, donde el enfoque estaba en los hallazgos arqueológicos y la parte virtual era menos elaborada. Aquí, la experiencia personal del visitante toma protagonismo: cada uno puede sentirse parte de los acontecimientos, no solo un observador. En la tienda de la exposición se pueden encontrar libros, recuerdos e incluso camisetas con la inscripción «Cave canem», todo lo relacionado con la antigua ciudad.
La exposición permanecerá abierta hasta el otoño, después de lo cual el Palau Victòria Eugènia cerrará por reformas para la ampliación del MNAC. Según los organizadores, trasladar la exposición fue un reto tecnológico, pero la arquitectura del pabellón resultó ideal para crear la atmósfera deseada. Los techos altos recuerdan a la cúpula del Panteón de Roma y el espacio permite aplicar soluciones multimedia complejas.
Información y contexto
En los últimos años, ha crecido en España y Europa el interés por las exposiciones inmersivas dedicadas a hechos históricos. Proyectos similares ya se han realizado en Madrid, Pekín y otras ciudades, donde han atraído a decenas de miles de visitantes. En 2023, Barcelona acogió la exposición «Pompeya, el último gladiador», centrada en la arqueología, aunque la tecnología virtual estaba menos desarrollada. Ahora, los nuevos formatos permiten no solo estudiar el pasado, sino también experimentarlo emocionalmente, lo que hace que estos eventos sean especialmente populares entre diferentes generaciones.












