
En enero de 2026, la vida de la princesa Irene de Grecia (Irene de Grecia) se apagó en Madrid. Su fallecimiento no sorprendió a quienes la rodeaban: en los últimos años, la salud de la hermana de la reina Sofía (Sofía) se había deteriorado notablemente. En los últimos meses, apenas salía del Palacio de La Zarzuela (La Zarzuela), donde pasó la mayor parte de su vida adulta. Aunque su nombre raramente aparecía en los titulares, Irene seguía siendo parte esencial de la familia real española y su vínculo con su hermana era realmente único.
Con los años, Irene comenzó a mostrarse cada vez más al lado de Sofía. Se las veía juntas en actos oficiales, reuniones familiares e incluso durante las vacaciones de verano en Mallorca (Mallorca). Las hermanas eran inseparables, pese a la diferencia de edad y carácter. Sofía siempre destacó por su energía y buena salud, mientras que Irene era reservada y discreta. Esa presencia silenciosa fue fundamental para la reina.
Los últimos años
El año 2023 fue un verdadero desafío para la familia griega. En enero falleció Constantino II (Constantino II), último rey de los Helenos y hermano de Irene. Su muerte fue un duro golpe para toda la familia, y para Irene marcó el inicio de un rápido deterioro en su salud. Fue entonces cuando comenzaron a manifestarse signos de deterioro cognitivo, que se intensificaron mes a mes. Su memoria fallaba, aparecían episodios de confusión y moverse sin ayuda dejó de ser posible.
A pesar de ello, Irina no dejó de participar en la vida familiar. Seguía acompañando a Sofía en eventos importantes, visitaba Mallorca e incluso realizó viajes a Grecia. En 2023, asistió por última vez a la entrega del Premio BMW de Pintura y al concierto benéfico de la fundación Mundo en Armonía (que ella misma fundó). Desde entonces, sus apariciones públicas se volvieron poco frecuentes.
Viajes y despedidas
En 2024, la salud de la princesa se deterioró tanto que ya no podía moverse sin silla de ruedas. Sin embargo, encontró fuerzas para viajar a Grecia al funeral de su primo Miguel (Miguel de Grecia) y pasar el verano con su familia en Mallorca. Ese otoño, Irina fue a Atenas (Atenas) para asistir a la boda de su sobrina Theodora (Theodora de Grecia) con Matthew Kumar, aunque ya no pudo estar presente en la ceremonia religiosa.
En febrero de 2025, pese a su frágil salud, Irina volvió a viajar a Atenas, esta vez para la boda de su sobrino y ahijado Nicolás (Nicolás de Grecia) con Chrysi Vardinogiannis. En las fotos de ese día, se la veía cansada, pero estaba acompañada por Sofía y la infanta Cristina (Cristina). Tras aquel verano, ya no abandonó La Zarzuela y Sofía apenas se alejaba de su hermana, incluso renunciando a sus vacaciones tradicionales en Mallorca.
Raíces y exilio
La historia de Irina es una narración de exilio y regreso. Nació en mayo de 1942 en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), cuando su familia se vio obligada a abandonar Grecia debido a la ocupación nazi. Sus padres, Pablo I de Grecia y Federica de Grecia, eran por entonces los herederos al trono. Tras la guerra, la familia regresó a su país natal y, en 1947, Pablo fue coronado rey.
Irina era la menor de tres hermanos: su hermana mayor, Sofía, nació en 1938 y su hermano Constantino en 1940. Su infancia transcurrió en un ambiente de constante incertidumbre y desplazamientos. A pesar de todo, Irina recibió una educación destacada y desde joven se distinguió por su modestia y su interés por el arte. Su vida siempre estuvo a la sombra de parientes más conocidos, pero precisamente esta discreción le permitió ser un pilar para su familia.
Vínculos y tradiciones
Irina de Grecia estaba emparentada con la mayoría de las casas reales europeas. Su destino es un ejemplo de cómo la historia personal puede entrelazarse con la de los estados. No fue una figura pública ni buscó la fama, pero su aportación a la beneficencia y su apoyo a la familia son inestimables. En los últimos años, se convirtió en un símbolo de fortaleza y fidelidad a pesar de todas las dificultades.
La muerte de Irina no solo marca la desaparición de una representante de la antigua aristocracia europea, sino también el fin de toda una época. Su vida nos recuerda que, detrás de las fachadas de los palacios reales, se esconden verdaderas historias humanas, lealtades y amores que traspasan el tiempo.












