
Galicia se ha visto en el epicentro de una tormenta devastadora que ha alterado por completo el ritmo habitual de la vida en la región. El temporal, bautizado como Ingrid, trajo consigo rachas de viento huracanado, fuertes nevadas y olas gigantes que obligaron a las autoridades a declarar el máximo nivel de alerta. Desde el jueves, los residentes de las zonas costeras fueron testigos de cómo el viento arrancaba techos y el mar se desbordaba, amenazando todo el litoral.
Las zonas más afectadas fueron Costa da Morte, Rías Baixas y A Mariña lucense. Aquí, las olas alcanzaron los nueve metros y la velocidad del viento superó los 140 km/h en algunos puntos. En ciudades como Cedeira, Burela y Viveiro se registraron ráfagas de hasta 149, 137 y 132 km/h, respectivamente. En Vimianzo y Arteixo, el viento no bajó de los 110 km/h. Para los habitantes locales, esto ha supuesto una verdadera prueba de resistencia.
Transporte y colegios
Los aeropuertos de Galicia figuraron entre las primeras víctimas del temporal. En A Coruña, los vuelos eran cancelados y retrasados, incluido un vuelo de Air Europa procedente de Madrid. Las conexiones internas entre Santiago de Compostela y Vigo también fueron suspendidas debido a los continuos vientos. Las carreteras de la región se convirtieron en trampas peligrosas: en muchos tramos, la circulación se limitó o quedó completamente cortada, especialmente para camiones y transporte pesado.
Los centros educativos tampoco quedaron al margen. Las autoridades decidieron suspender las clases y cancelar el transporte escolar en la provincia de Ourense, así como en las zonas sur y central de Lugo y en el interior de Pontevedra. Todas las actividades al aire libre fueron canceladas en las áreas donde rige el nivel rojo de alerta. Esta medida afectó no solo a las grandes ciudades, sino también a pequeños municipios donde la nieve y el hielo hicieron intransitables las carreteras.
Amenaza marítima
El mar se ha convertido estos días en el auténtico enemigo de las zonas costeras. Se declaró el nivel rojo de alerta en gran parte del litoral de Galicia. Olas de hasta nueve metros no solo dañaron infraestructuras, sino que también supusieron un peligro mortal para pescadores y residentes de pueblos costeros. Las autoridades recomendaron encarecidamente no salir a la calle salvo necesidad extrema y abstenerse por completo de pasear junto al mar.
Los equipos de emergencia trabajaron las 24 horas, respondiendo a numerosas llamadas. En algunas zonas, fue necesario evacuar a los vecinos ante el riesgo de inundaciones. El oleaje no cesó ni siquiera de noche y el fuerte viento esparció escombros y basura por las calles. Para muchos gallegos, estos días han sido una verdadera prueba de resistencia y paciencia.
Trampa de nieve
La llegada del frío trajo consigo no solo viento, sino también intensas nevadas. En las zonas montañosas de Lugo y Ourense, el manto de nieve alcanzó los veinte centímetros y las temperaturas descendieron hasta un grado. En las próximas horas, los meteorólogos pronosticaban un descenso adicional de las temperaturas y la cota de nieve bajando hasta los 400 metros sobre el nivel del mar. Medio centenar de municipios quedaron aislados por la nieve, mientras los servicios de emergencia no daban abasto para limpiar las carreteras.
La Guardia Civil de Tráfico impuso severas restricciones a la circulación de camiones de más de 7,5 toneladas en las principales autopistas del noroeste del país. Se recomendó a los conductores de turismos evitar desplazamientos largos, especialmente la tarde del viernes, cuando se preveía el pico del temporal. En algunos tramos se habilitaron desvíos automáticos y se redujeron los límites de velocidad. Si la situación empeoraba, se contemplaba el cierre total de ciertas vías.
Reacción y consecuencias
Las autoridades locales expresaron su preocupación: aseguraron que Galicia no había sufrido una embestida meteorológica tan devastadora en todo el invierno. Portavoces de la agencia meteorológica calificaron a Ingrid como la tormenta más peligrosa de la temporada. Aunque el temporal empezó a remitir de cara al fin de semana, las alertas se mantenían: la nieve, el viento y el oleaje seguían representando un riesgo para la seguridad de los habitantes.
Las autoridades instaron a la población a mantenerse alerta y evitar riesgos innecesarios. Estos días, Galicia ha demostrado cuán vulnerable puede ser la región ante las fuerzas de la naturaleza. El temporal no ha perdonado ni ciudades, ni pueblos, ni carreteras, ni el mar. Y aunque se prevé una mejoría del tiempo, las consecuencias de esta tormenta seguirán presentes durante mucho tiempo.












