
El inicio del curso escolar en Cantabria estuvo marcado por amplias manifestaciones de descontento entre los trabajadores del sector educativo. Ya en el primer día de clases, una parte significativa de los maestros de guarderías y escuelas primarias suspendieron sus labores en apoyo a la huelga organizada por los sindicatos. Según sus datos, participó más de la mitad del profesorado, mientras que el departamento regional de educación reporta cifras más bajas.
Esa misma tarde, una multitudinaria manifestación tuvo lugar frente a la sede del organismo. Los participantes exigieron al gobierno regional una revisión de las condiciones laborales y un aumento de los salarios. Las protestas son una respuesta al prolongado estancamiento en las negociaciones entre sindicatos y autoridades, que ya se extiende por más de un año y medio.
El profesorado insiste en la necesidad de indexar los salarios, que no se han revisado desde 2008. A su juicio, la inflación de los últimos años ha disminuido considerablemente su poder adquisitivo. Además, se discute la reducción del número de alumnos por aula y el aumento del personal administrativo en los colegios. Estas demandas no han avanzado desde la primavera de este año.
Un punto especialmente polémico es la cláusula del acuerdo propuesta por el ministerio de educación: el aumento salarial solo será posible si el parlamento regional aprueba el presupuesto anualmente. El profesorado considera que esta redacción los convierte en rehenes de decisiones políticas y no de criterios profesionales.
Las autoridades regionales, por su parte, subrayan que el aumento salarial ya acordado permitirá que los ingresos de los docentes superen la media nacional. Sin embargo, los representantes sindicales consideran que esto no es suficiente y exigen garantías más transparentes y estables.
Las tensiones en el sector educativo de Cantabria no se limitan solo a cuestiones salariales. El profesorado también reclama la reducción del número de alumnos por aula y una menor carga burocrática. Estas iniciativas, señalan, son necesarias para mejorar la calidad educativa y crear condiciones laborales más cómodas.
El año pasado, los docentes ya salieron a las calles con demandas similares, y en la primavera de 2025 las protestas se extendieron por toda la autonomía. En las últimas semanas la situación se ha agravado: los sindicatos exigen la sustitución del negociador del gobierno y reclaman la participación directa de la presidenta regional María José Sáenz de Buruaga en la resolución del conflicto.
La comunidad educativa de la región expresa cansancio y frustración por el prolongado enfrentamiento. Los sindicatos destacan que los intentos de limitar el derecho de huelga fueron declarados ilegales por el tribunal. Por ahora, no hay nuevas reuniones previstas con el Ministerio de Educación. Si no se alcanza un acuerdo, los docentes tienen previsto retomar las huelgas en octubre.












