
En la Comunidad Valenciana persiste la tensión en torno a la investigación de las consecuencias de la devastadora DANA que azotó la región en otoño del año pasado. El proceso judicial, iniciado tras la tragedia en la que murieron 229 personas, ha sacado a la luz detalles inesperados sobre cómo las autoridades respondieron ante el peligro inminente.
La jueza de Catarroja, Nuria Ruiz Tobarra, sigue recopilando testimonios y documentos que ponen en duda la versión oficial de los hechos. Cada avance en la investigación genera una oleada de emociones en los pasillos del poder valenciano. Once meses después de la catástrofe, el gobierno regional ha tratado de justificar el retraso en la alerta ciudadana por la falta de datos oportunos de los servicios nacionales de meteorología e hidrología. Sin embargo, los últimos interrogatorios y documentos apuntan a problemas internos en la organización de los servicios de emergencia.
Especial atención suscitó la intervención del presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), Miguel Polo. Describió la situación en el centro de coordinación Cecopi como un completo caos, donde nadie sabía qué decisiones tomar. Según relató, la exconsejera de Justicia e Interior, Salomé Pradas, no sabía cómo actuar e incluso preguntaba a sus subordinados por qué se había declarado la emergencia. Polo también señaló que él mismo solicitó que se enviara una alerta a la población ya a las 18:00, dos horas antes de que el aviso llegara realmente a los teléfonos de los ciudadanos. Para entonces, muchos ya estaban atrapados en sótanos y garajes donde finalmente perdieron la vida.
Poco después de la tragedia se supo que el presidente autonómico, Carlos Mazón, llegó al centro de gestión de crisis ya entrada la noche, tras una larga comida en un restaurante. Para entonces, la situación en las localidades afectadas ya estaba fuera de control. La alerta por emergencia llegó a los teléfonos móviles recién a las 20:11, cuando las consecuencias del temporal eran ya irreversibles.
Durante la investigación surgieron nuevas pruebas. Una grabación de Cecopi, que antes no se había hecho pública, mostró que Pradas participó personalmente en la decisión de enviar el mensaje de alerta, a pesar de que previamente había negado su implicación. La jueza insistió en incluir esta grabación en el sumario, a pesar de la oposición del canal regional À Punt, que argumentaba secreto profesional.
Los familiares de las víctimas y afectados expresan su decepción por las acciones de las autoridades y los medios de comunicación. Consideran que la negativa a aportar voluntariamente los vídeos anuló el trabajo de los periodistas que pusieron en riesgo su seguridad para informar sobre la tragedia. Al mismo tiempo, el entorno de Pradas sostiene que ella no podía prever la magnitud del desastre y se enteró del desbordamiento del río demasiado tarde.
La investigación judicial sigue avanzando. La cuestión de la responsabilidad personal del presidente Mazón sigue pendiente, ya que su estatus exige un procedimiento especial para exigirle responsabilidades. Mientras tanto, en el palacio de la Generalitat Valenciana se vive una tensa espera ante las próximas decisiones judiciales, que podrían tener graves consecuencias políticas.











