
En el parlamento español estalló otra batalla política: el partido Junts volvió a oponerse a una iniciativa relacionada con la lucha contra la corrupción. Esta vez, bajo ataque quedó el proyecto para la creación de un órgano anticorrupción independiente, impulsado por Yolanda Díaz. Hace apenas seis días, el mismo partido ya había bloqueado la reducción de la semana laboral a 37,5 horas, uno de los principales puntos del programa de Díaz como ministra de Trabajo.
Los siete votos de Junts fueron decisivos: junto con el apoyo de PP y Vox, aseguraron el fracaso del proyecto de ley de Sumar desde su inicio. Como resultado, el debate ni siquiera continuará y la idea de crear una nueva entidad destinada a investigar casos de corrupción y recibir denuncias fue archivada. Para Díaz, se trata de una nueva pérdida de una iniciativa importante que promovía activamente para distanciarse de los escándalos dentro del PSOE.
La vicepresidenta llevaba más de un año insistiendo en la necesidad de este órgano anticorrupción, planteando el tema en varias ocasiones durante sus reuniones con Pedro Sánchez. Tras el sonado caso de Santos Cerdán, el presidente del Gobierno accedió a incluir este punto en el paquete anticorrupción. Sin embargo, ahora, tras la votación, queda claro: el proyecto ni siquiera recibirá una tramitación formal.
La situación se agudizó tras el reciente conflicto entre Díaz y Junts, que comenzó durante el debate sobre la reducción de la jornada laboral. En ese momento, la vicepresidenta se expresó duramente hacia el partido catalán, acusándolo de defender los intereses de los sectores empresariales más conservadores. Esto provocó irritación en las filas de Junts y preocupación entre los socialistas, ya que el apoyo de los catalanes es crucial para la estabilidad de la coalición.
Ahora Junts responde negándose a respaldar otra iniciativa de Díaz. El proyecto de una agencia anticorrupción, que debía ser independiente y encargarse de las investigaciones, no convenció a los catalanes. Temen que el nuevo organismo duplique la estructura anticorrupción ya existente en Cataluña y genere una centralización excesiva. Además, Junts expresa preocupación por la posible politización de la nueva entidad, considerando que podría convertirse en una herramienta para impulsar los intereses de determinados partidos en lugar de ser un mecanismo real de lucha contra la corrupción.
Durante el debate, los representantes de Junts calificaron la iniciativa de Sumar como un mero «capricho» y subrayaron que no ven sentido en crear otra estructura que supervise a los órganos catalanes ya existentes. Como resultado, el fracaso de la votación fue una nueva señal para el PSOE: el apoyo de Junts en el Parlamento sigue siendo sumamente inestable y el papel de Díaz como intermediaria entre socialistas y catalanes genera cada vez más dudas.
Aunque Díaz anteriormente había destacado sus estrechos contactos con Carles Puigdemont, las negociaciones clave sobre temas fundamentales como la amnistía y el estatus del catalán en Europa fueron llevadas a cabo directamente entre Junts y representantes del PSOE. Esto resalta una vez más la complejidad de las relaciones dentro de la coalición y apunta a posibles dificultades en la implementación de futuras reformas.












