
La mañana en Madrid comenzó con un movimiento inesperado en las puertas de la prisión de Soto del Real. Agentes de la Guardia Civil sacaron de su celda a Koldo García, exasesor del ministro de Transportes, y lo trasladaron a la sede de la Audiencia Nacional. No se trataba solo de un trámite: García, detenido en noviembre pasado junto al exministro José Luis Ábalos, debía recibir personalmente copias de los datos de algunos de sus dispositivos electrónicos incautados durante su arresto.
García recibió copias del contenido de cuatro teléfonos móviles —tres iPhone y un Huawei—, así como de una tablet y un ordenador portátil. En total le confiscaron casi treinta dispositivos, pero hoy solo se trataba de una pequeña parte de ellos. Los materiales más polémicos —grabaciones de audio hechas con una grabadora digital, donde García registraba conversaciones en secreto— no le fueron devueltos. El juez Ismael Moreno, responsable de la investigación, insistió en que solo la presencia personal permitiría entregar estas copias. Tras una breve reunión con su abogada, Leticia de la Hoz, García le entregó el disco duro con la información y regresó a su celda en la prisión.
Preguntas pendientes para la investigación
La abogada García no oculta su indignación. Ya ha anunciado que solicitará una pericia independiente de todos los materiales obtenidos para descartar cualquier posibilidad de falsificación o manipulación. Según sus palabras, la situación con el acceso a las pruebas deja a su defendido en total indefensión. Mientras tanto, las acusaciones por parte de la Unidad Central Operativa (Unidad Central Operativa, UCO) y la Fiscalía Anticorrupción cada vez son más contundentes: consideran a García una figura clave en el esquema de cobro de comisiones ilegales por contratos públicos.
El caso está rodeado de un clima de desconfianza. La abogada rechaza rotundamente todas las acusaciones e insiste en la transparencia y legalidad de la actuación de su cliente. Afirma que la investigación se basa en suposiciones y no en pruebas reales. Sin embargo, los investigadores están convencidos de que García fue el nexo entre funcionarios y empresas privadas que accedieron a contratos ventajosos.
Testimonios familiares
Un giro inesperado fue la reciente declaración de la ex pareja de García, Patricia Uriz, ante el juez. Negó rotundamente cualquier sospecha de enriquecimiento ilícito de la pareja. Según declaró, todos los fondos que gestionaron fueron obtenidos legalmente y con origen transparente. Uriz recalcó que ni ella ni García cometieron ninguna irregularidad financiera.
Estas declaraciones añadieron aún más incertidumbre a un caso ya de por sí complejo. La investigación sigue buscando pruebas que respalden sus sospechas, mientras la defensa insiste en la total inocencia de García. La cuestión de si realmente se violaron las leyes sigue sin respuesta.
Tecnología bajo sospecha
La devolución de los dispositivos y copias de datos se convirtió en otro capítulo dentro de la batalla procesal entre la defensa y la investigación. La abogada de García advierte que los equipos podrían haber sido manipulados mientras estuvieron almacenados. Exige que peritos independientes verifiquen la integridad de la información y certifiquen su autenticidad.
Mientras tanto, los investigadores no se apresuran a revelar toda la información. Siguen analizando decenas de otros dispositivos incautados a García, con la esperanza de encontrar más pruebas. El foco está puesto en conversaciones, grabaciones de audio y documentos que podrían arrojar luz sobre el esquema de adjudicación de contratos públicos.
Próximos pasos
Mientras García vuelve a estar entre rejas, su abogada prepara nuevas solicitudes y alegatos. En las próximas semanas se esperan una serie de peritajes e interrogatorios que podrían cambiar el rumbo de la investigación. La incógnita sobre si la defensa logrará demostrar la inocencia de García sigue sin resolverse.
El caso genera cada vez mayor repercusión pública. Cada nuevo episodio provoca intensos debates en los círculos políticos y jurídicos. El foco está puesto no solo en el destino de García, sino también en la transparencia de las instituciones estatales. La sociedad española sigue atentamente el desarrollo de los acontecimientos, a la espera de nuevos detalles y giros inesperados.












