
La situación migratoria en las Islas Canarias vuelve a estar en el centro de la atención debido a datos alarmantes sobre la edad de los recién llegados. Para España, esto no es solo una cuestión estadística: hablamos de una sobrecarga del sistema social, un aumento de la tensión y la necesidad urgente de cambios en la gestión de los flujos migratorios. Los hechos recientes demuestran que los mecanismos actuales no están respondiendo a la realidad, y las consecuencias ya se sienten a nivel nacional.
Según información obtenida por RUSSPAIN.com, casi la mitad de los migrantes que inicialmente fueron registrados como menores de edad fueron posteriormente identificados como adultos tras realizarse pruebas médicas. Este hallazgo surgió de una investigación impulsada por el Parlamento Europeo. Las autoridades de las Islas Canarias comunicaron que, de unas 1.500 personas sometidas a exámenes especiales, una parte significativa resultó ser mayor de 18 años. Esta situación genera una presión añadida sobre los servicios locales, dado que los menores reciben protección y atención especial.
Problemas con la repatriación
La repatriación de los migrantes a sus países de origen sigue siendo un obstáculo casi insalvable. Marruecos solo acepta el retorno del 8% de sus ciudadanos que han llegado ilegalmente a Canarias. El resto permanece en las islas, lo que genera saturación en los centros de acogida y escasez de recursos. Las autoridades españolas han reiterado que, sin una cooperación real con Marruecos y otros países, la situación no cambiará. Por su parte, la Unión Europea exige a España medidas más eficaces para la devolución de migrantes, pero sin el respaldo de los Estados de origen, estas demandas quedan en papel mojado.
Un informe del Parlamento Europeo señala que muchos jóvenes declaran intencionadamente una edad cercana a los 18 años para ser considerados menores y quedar bajo protección. Esto les permite evitar una deportación inmediata y acceder al sistema de asistencia social. Sin embargo, esta práctica coloca a los verdaderos menores en una situación más vulnerable y somete al sistema a una presión adicional por la falta de plazas y profesionales.
Financiación y responsabilidad
Otro problema acuciante es la distribución de los recursos financieros. Aunque la Unión Europea asignó a España 560 millones de euros para la gestión migratoria, las Islas Canarias no han recibido una financiación específica. Las autoridades regionales se ven obligadas a emplear fondos propios para afrontar la llegada masiva de migrantes. En los últimos años, estas partidas han supuesto casi 200 millones de euros del presupuesto local. Al mismo tiempo, las decisiones sobre la reubicación de migrantes en el país se toman en Madrid, pero toda la carga recae sobre Canarias.
Los eurodiputados subrayan que este enfoque vulnera el principio de reparto equitativo de responsabilidades entre las regiones y los países de la UE. En un contexto en el que la mayoría de los menores migrantes permanece precisamente en las Islas Canarias, los colegios y los servicios sociales locales están desbordados. Esto genera descontento entre la población y aumenta la tensión social.
Impacto en la política y la sociedad
La introducción de nuevas normas de regularización de migrantes, propuesta por el gobierno de Pedro Sánchez, ha provocado una reacción acalorada no solo en España, sino también en otros países de la UE. Ahora, cualquiera que logre demostrar su estancia en el país durante al menos cinco meses hasta finales de 2025 podrá aspirar a la regularización. Según distintas estimaciones, la medida podría beneficiar a entre medio millón y un millón de personas. La Comisión Europea ya ha expresado su preocupación por el posible impacto de estas medidas en la seguridad y estabilidad del espacio Schengen.
El informe también destaca que la agencia Frontex no participa en la vigilancia de la ruta hacia las Islas Canarias, a pesar de haber ofrecido sus recursos. España optó por limitarse al apoyo en los centros de acogida temporal, lo que genera dudas entre sus socios europeos. Esta postura dificulta la obtención de ayuda adicional y pone en tela de juicio los llamamientos a la solidaridad por parte de otros países de la UE.
Consecuencias para la región
Actualmente, en las Islas Canarias unas 5.000 personas menores de edad migrantes están bajo tutela de las autoridades, lo que representa dos tercios de todos los que llegan a España. Los vecinos locales se quejan cada vez más del aumento de los conflictos, episodios de delitos menores y la escasez de recursos educativos. Al mismo tiempo, existen casos positivos de integración: en algunos colegios el profesorado logra trabajar con éxito con alumnado de diferentes países, a pesar de la falta de apoyo extra.
En los últimos años, España ya se ha enfrentado a crisis similares en las fronteras del sur. En 2024, el flujo migratorio alcanzó cifras récord, mientras que en 2025 se observó un descenso notable. Sin embargo, los problemas estructurales —insuficiencia de recursos, dificultades para el retorno y reparto desigual de la carga— permanecen sin resolver. Expertos europeos advierten que, sin cambios en la política y la financiación, la situación podría agravarse de nuevo en los próximos años.











