
Pocos se detienen a pensar que detrás de la atmósfera oscura de los célebres filmes de terror españoles se esconden inconfundibles paisajes urbanos de Madrid. Películas legendarias como «El día de la bestia», «Tesis», «El espinazo del diablo» y «Las brujas de Zugarramurdi» no solo asustan al espectador, sino que convierten la capital española en un auténtico laberinto cinematográfico lleno de misterio y secretos.
La ciudad como protagonista del terror
En «El día de la bestia», el Madrid de los años 90 no es solo un telón de fondo, sino un auténtico personaje de la trama. Desde las primeras escenas, el espectador es transportado a la Plaza de Castilla, y luego recorre junto a los protagonistas las calles y avenidas más emblemáticas. Un papel especial lo ocupan las famosas Torres Kio, que en la película aún están en construcción y simbolizan una época de cambios y escándalos. Es precisamente aquí, entre gigantes de hormigón, donde tiene lugar el enfrentamiento final con las fuerzas sobrenaturales. Los detalles urbanos —luces de neón, coches antiguos, el bullicio festivo en la Gran Vía— crean una atmósfera en la que pasado y presente se entrelazan y la realidad se vuelve difusa.
«Tesis» mete al espectador en los pasillos de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Exteriormente, el edificio parece simple, pero por dentro es un auténtico laberinto donde es fácil perderse tanto física como psicológicamente. Es aquí donde se intensifica el juego de tensión entre los protagonistas y la arquitectura refleja los miedos y significados ocultos.
Lugares donde despiertan los fantasmas
En «El espinazo del diablo» el director escogió dos localizaciones a las afueras de Madrid para el rodaje. Las escenas del internado se filmaron en el Colegio de San Fernando y en el antiguo monasterio cartujo de Talamanca del Jarama. Estos lugares llevan años atrayendo a cineastas por su atmósfera e historia. Destaca especialmente el monasterio cartujo, donde, según rumores, aún pueden ocurrir cosas inexplicables. Las bodegas de vino, donde trabajaban los monjes, en la película se convierten en pasillos sombríos llenos de secretos y fantasmas del pasado.
«Las brujas de Zugarramurdi» arrancan su trama en pleno centro de Madrid. Una de las escenas más frenéticas es el robo en la joyería de la Puerta del Sol. Rodar aquí fue todo un reto: cortes de tráfico, multitudes de turistas y curiosos buscando a las estrellas. Pero esta localización aportó realismo y ritmo al filme. Curiosamente, la plaza ya había aparecido en la historia del cine español: en 1930 salió en la primera película sonora del país.
Leyendas y misterio en la capital
Muchos edificios de Madrid guardan sus propios secretos. Por ejemplo, la actual sede del gobierno de la comunidad autónoma, construida en el siglo XVIII, está rodeada de rumores de fantasmas y maldiciones. Durante la construcción, los obreros aseguraban que allí habitaba una presencia siniestra, y el arquitecto llegó a llamar a un sacerdote para realizar un ritual de exorcismo. Estas historias aún alimentan la imaginación y forman parte del folclore urbano.
La mística tampoco quedó al margen en otras zonas de la región. En la película «Las brujas de Zugarramurdi» aparece el medio derruido palacio del infante Don Luis (palacio del infante Don Luis) en Boadilla del Monte. Sus sombríos salones y el patio central resultaron perfectos para crear una atmósfera inquietante. Actualmente el edificio está siendo restaurado poco a poco, pero en la película luce en todo su esplendor aterrador.
Madrid sigue inspirando a los directores a crear nuevas historias, donde las calles de la ciudad se convierten en escenario de luchas contra lo sobrenatural. Para los amantes del género, es una oportunidad no solo para volver a ver sus películas favoritas, sino también para seguir los pasos de los protagonistas y descubrir la capital desde una perspectiva inesperada.











