
El camino de Miguel Ángel Gallardo hacia la cima de la política regional no comenzó en los escaños del parlamento. En su juventud, trabajó en una fábrica de procesamiento de tomates en Miajadas, una pequeña localidad de la provincia de Cáceres reconocida por su industria alimentaria. Allí, entre latas de tomate, el futuro líder socialista de Extremadura conoció de primera mano la disciplina laboral y las sencillas alegrías de la vida obrera.
Con el paso de los años, Gallardo supo transformar esa experiencia en capital político. Su trayectoria en el ayuntamiento de Villanueva de la Serena estuvo marcada por seis victorias consecutivas con mayoría absoluta como alcalde. Gracias a esto, se ganó la reputación de gestor eficaz y convirtió su ciudad natal en un referente para otros municipios de la región.
Retos y ambiciones en tiempos de crisis
En 2015, Gallardo asumió la presidencia de la Diputación de Badajoz, donde impulsó profundas reformas. Apostó por la modernización, la digitalización del sector agrícola y el desarrollo de energías renovables. Sus decisiones, entre ellas la eliminación de símbolos franquistas, generaron un gran impacto e incluso recibieron respaldo de la oposición. No obstante, con el tiempo, su estilo de liderazgo empezó a levantar controversia: muchos apuntaban a su tendencia al autoritarismo y a una gestión rígida en el trato con sus compañeros.
En marzo de 2024, tras la salida de Guillermo Fernández Vara, Gallardo asumió el cargo de secretario de la sección regional del PSOE. Sin embargo, su liderazgo pronto se vio amenazado por divisiones internas y por los discretos resultados obtenidos en la provincia de Cáceres, donde no logró el respaldo mayoritario. Además, en vísperas del congreso federal del partido en Sevilla, se le abrió una causa penal relacionada con el nombramiento del hermano del presidente del Gobierno en la Diputación de Badajoz.
Presión judicial e incertidumbre preelectoral
El escándalo por el presunto abuso de poder y las acusaciones de irregularidades administrativas pusieron a Gallardo y a toda la organización regional del PSOE en una situación delicada. Las tensiones internas se agravaron, y las próximas elecciones anticipadas, convocadas por María Guardiola para el 21 de diciembre, se convirtieron en una auténtica prueba para los socialistas.
En el partido, muchos consideran que recuperar el control del gobierno regional es una tarea casi imposible. La presión aumenta ante la necesidad de hacer frente no solo a los rivales del Partido Popular (PP), sino también de superar las divisiones internas. Un posible fracaso podría poner en peligro la posición de Gallardo y la unidad formal del partido.
A todo o nada: la apuesta por el resultado
Ahora Gallardo se prepara para la campaña más difícil de su vida. Sus partidarios confían en que su experiencia y determinación lo ayudarán a superar la crisis, pero los escépticos creen que cualquier reducción en el número de diputados respecto a los actuales 28 es señal de derrota. Por delante, siete semanas de intensa lucha, en juego no solo la carrera política de una persona, sino también el futuro de toda la organización regional del PSOE.












