
En el metro de Madrid, cada día se libra un auténtico juego del escondite entre pasajeros y revisores. A pesar de los esfuerzos de la compañía de transporte, miles de personas encuentran la manera de subir a los vagones sin pagar ni un céntimo. Nuevos torniquetes, cámaras e incluso grupos especiales en aplicaciones de mensajería son solo una parte de esta gran batalla, donde están en juego no solo el dinero, sino también la confianza en el sistema.
En los últimos años se observa una tendencia interesante en la capital española: el número de viajeros sin billete está disminuyendo, pero la magnitud del problema sigue siendo llamativa. Si hace diez años el metro registraba más de 47.000 infracciones al año, hoy esa cifra ha caído a unas 17.000. Sin embargo, los sindicatos aseguran que la cantidad real de personas que acceden sin billete es mucho mayor. Según sus estimaciones, a diario unas 40.000 personas evaden el pago, lo que representa aproximadamente el 1,6% de todos los pasajeros.
Chats secretos
Cada vez se utilizan más las nuevas tecnologías para esquivar los controles. En Telegram existen grupos abiertos donde los usuarios se avisan en tiempo real sobre la presencia de revisores en las estaciones. Mensajes como “Control en la entrada de Atocha” o “Atención, revisores en Parque de las Naciones” aparecen allí a diario. Cualquier otro tema en estos chats está estrictamente prohibido: solo se permite información sobre controles y consejos para pasar sin ser detectados.
Bastan quince minutos de observación en la estación Sol para ver cómo varias personas logran colarse: algunos pasan ágilmente a espaldas de los demás, otros saltan los torniquetes. Las nuevas puertas ‘inteligentes’ pretendían dificultar el fraude, pero la creatividad de los viajeros no tiene límites. A veces es suficiente pegarse al de delante para cruzar sin ser visto.
Cifras y controversias
Las estadísticas oficiales solo recogen a quienes son sorprendidos in fraganti. Sin embargo, tanto trabajadores del metro como sindicatos aseguran que la realidad es mucho mayor. Según sus cálculos, cada minuto acceden al metro de Madrid 33 viajeros sin billete. Esto supone no solo pérdidas directas para la empresa, sino también un motivo constante de frustración para quienes pagan su billete.
Según los trabajadores, la raíz del problema está en la falta de personal. En muchas estaciones solo hay un empleado, y en accesos secundarios a menudo no hay nadie. En los grandes intercambiadores la vigilancia es algo mejor, pero incluso allí resulta difícil controlar todos los flujos de pasajeros. Como resultado, los sindicatos estiman que entre 50 y 60 estaciones de la red permanecen parcialmente sin supervisión cada día.
Multas y consecuencias
Para quienes son sorprendidos, la multa es de 80 euros. Sin embargo, según señalan los empleados, esto no siempre disuade a los infractores. Algunos asumen el riesgo conscientemente, confiando en que la probabilidad de ser atrapados es baja. Además, si surgen conflictos entre pasajeros o problemas con los billetes, los trabajadores a menudo deben pedir apoyo a colegas de estaciones cercanas. Mientras llega la ayuda, la situación puede descontrolarse.
En los últimos años, la dirección del metro apuesta por la automatización. Se implementan nuevos sistemas de control y aumenta el número de cámaras: ya son más de 9.000 en toda la red, de las cuales 5.000 están ubicadas directamente en las estaciones. En los próximos años, se planea invertir varios millones de euros adicionales en el desarrollo de sistemas de seguridad y vigilancia.
Tecnología frente a ingenio
Los experimentos con los torniquetes continúan. Hace algunos años, en ciertas estaciones se probó dejar las puertas abiertas y cerrarlas solo cuando alguien intentaba pasar sin billete. Sin embargo, pronto se abandonó esta idea y se volvió al esquema clásico: los accesos permanecen cerrados y solo se abren tras validar el billete. En 2019, en la estación Gran Vía, se instalaron los primeros torniquetes inteligentes, que ahora ya están presentes en decenas de puntos de la ciudad.
Oficialmente, se afirma que estas innovaciones se implementan en beneficio de la comodidad y seguridad de los pasajeros. Sin embargo, muchos creen que el objetivo principal es combatir a los viajeros sin billete. A pesar de todos los esfuerzos, el problema aún no se ha resuelto por completo. Los pasajeros se vuelven cada vez más ingeniosos, mientras que el personal del metro se queja de la constante falta de personal y la sobrecarga de trabajo.
Horas nocturnas y nuevos desafíos
El problema se agrava especialmente durante la noche. Antes, los accesos secundarios se cerraban alrededor de las 21:40, pero ahora permanecen abiertos hasta las dos de la madrugada. Sin embargo, rara vez hay personal en esas entradas. La dirección asegura que la seguridad se garantiza mediante cámaras y control remoto, pero los empleados que trabajan en las estaciones no están de acuerdo.
Todo esto genera un ambiente de desconfianza e irritación. Los pasajeros honestos se sienten engañados y quienes infringen las normas, impunes. Mientras unos buscan nuevas formas de burlar el sistema, otros exigen restaurar el control humano y aumentar la cantidad de empleados en las estaciones. La pregunta de quién ganará esta carrera—la tecnología o la creatividad humana—sigue abierta.











