
La seguridad en los ferrocarriles de España vuelve a estar en el centro de atención tras recientes tragedias. Para millones de españoles que utilizan los trenes a diario, esto no es solo una estadística: se trata de la confianza en un sistema que debe velar por la vida y la salud de los pasajeros. Los últimos incidentes han puesto en duda la capacidad del Estado para garantizar este nivel básico de seguridad.
Duras acusaciones
En el Senado se desató un tenso debate: el ministro de Transportes, Óscar Puente, se vio obligado a responder preguntas incisivas tras la catástrofe de Adamuz (Córdoba), donde en enero la colisión de trenes costó la vida a 45 personas. Representantes de los partidos de oposición Partido Popular y Vox exigieron abiertamente su dimisión inmediata, acusándolo de incapacidad para proteger a los pasajeros y de falta de control sobre la situación.
Las críticas se intensificaron después de que el propio ministro reconociera un déficit de inversión en infraestructuras ferroviarias que asciende a 30.000 millones de euros. Según Puente, este problema se arrastra desde el gobierno de Mariano Rajoy. Sin embargo, la oposición no aceptó tales explicaciones y recordó una serie de escándalos de corrupción relacionados con el Ministerio de Transportes en los últimos años, mencionando, en particular, la detención del exministro José Luis Ábalos y las investigaciones contra otros altos funcionarios.
La batalla por la confianza
Puente rechazó las acusaciones, calificándolas como parte de una campaña deliberada de desinformación. Declaró que las publicaciones sobre trenes de inspección defectuosos y actos de vandalismo en infraestructuras ferroviarias no son más que un intento de sembrar el pánico y minar la confianza de los ciudadanos en las instituciones estatales. El ministro subrayó que estos métodos son característicos de los regímenes autoritarios y que hoy se emplean para impulsar ideas neofascistas que, a su juicio, amenazan la convivencia social.
Puente prestó especial atención al papel de las fuerzas políticas de derecha y los medios de comunicación que, según él, difunden información falsa para crear una sensación de caos y de ineficacia del Estado. Los acusó de formar deliberadamente un clima de miedo, preparando así el terreno para decisiones autoritarias.
Responsabilidad e investigaciones
El Senado inició la sesión con un minuto de silencio en memoria de las víctimas en Adamuz y Gelida (Gelida, Barcelona). Ese mismo día se esperaba la comparecencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pero no acudió, alegando falta de disponibilidad. Esto generó un descontento adicional entre los senadores, quienes reclamaban su presencia personal para el debate sobre la situación en las vías férreas.
En su lugar, se anunció que Sánchez comparecerá ante el Congreso de los Diputados el 11 de febrero, donde, además de los asuntos de transporte, abordará temas de política internacional y seguridad. El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, informó sobre la creación de una comisión especial para investigar las causas de ambas tragedias, lo que podría llevar a nuevas revelaciones y decisiones en el ámbito de personal.
Consecuencias políticas
El debate en el Senado evidenció la gravedad del problema de confianza en las autoridades y su capacidad para prevenir catástrofes similares. Para muchos ciudadanos, estas discusiones fueron una señal: los problemas en el sistema de transporte requieren no solo soluciones técnicas, sino también políticas. En las próximas semanas, la atención pública estará centrada en los resultados de la investigación y en la respuesta del Gobierno a las exigencias de la oposición.
La situación sigue siendo tensa y nuevos detalles podrían alterar el panorama político en España. La cuestión de quién asumirá la responsabilidad por las tragedias aún permanece abierta.











