
En España sigue creciendo el problema de los llamados «niños invisibles»: menores migrantes que permanecen durante años sin estatus legal. Incluso si sus padres ya han obtenido el permiso de residencia, los propios niños a menudo no pueden regularizar su situación y se ven obligados a vivir en condiciones de incertidumbre jurídica.
Uno de estos casos es el de un niño de ocho años que se trasladó con su familia de Lima a Salamanca. A pesar de que sus padres y su hermano menor ya han conseguido la documentación española, el niño aún no tiene derecho a residir legalmente. Esto no solo le impide acceder a la atención médica necesaria, sino que también pone en riesgo su salud y desarrollo.
La familia llegó a España como turistas, aprovechando la exención de visado para ciudadanos de la mayoría de los países latinoamericanos. El motivo de la mudanza fue la amenaza a la seguridad en su país de origen. Tras el nacimiento de su segundo hijo en España, los padres lograron obtener el permiso de residencia, pero el hijo mayor quedó sin documentación debido a las dificultades del proceso de reagrupación familiar.
Situaciones similares afectan a muchas familias migrantes. Aunque los medios suelen centrarse en menores no acompañados, la mayoría de los niños migrantes llega junto a sus padres y permanece en la sombra por barreras burocráticas. Incluso después de que los adultos se regularizan, los menores deben esperar la tramitación de sus documentos, un proceso que puede prolongarse durante años.
Según estimaciones de organizaciones de derechos humanos, en España hay alrededor de 147.000 menores migrantes sin estatus legal, de los cuales tres cuartas partes provienen de países de América Latina. No existen estadísticas oficiales sobre estos niños, lo que complica aún más la solución del problema.
Expertos señalan que el proceso de regularización difiere para adultos y niños. Los padres pueden obtener un permiso de residencia a través del llamado «arraigo», pero para los menores se requiere un procedimiento de reagrupación familiar aparte, que implica cumplir una serie de requisitos económicos y de vivienda. Como resultado, los niños se ven obligados a permanecer en situación irregular incluso después de que sus padres hayan obtenido los papeles.
En los últimos años, los plazos de regularización para adultos se han reducido, pero la situación para los menores prácticamente no ha cambiado. Muchos de ellos pasan la mayor parte de su vida en España, pero siguen sin derechos ni acceso a servicios básicos.
El problema no afecta solo a familias latinoamericanas. Por ejemplo, una mujer de Colombia que llegó a España en busca de trabajo pudo obtener con el tiempo un permiso de residencia, pero su hijo todavía no cuenta con ningún documento más allá del pasaporte de su país. Esto limita sus oportunidades educativas y sociales, además de generar una tensión constante en la familia.
Incluso con acceso formalmente universal a la sanidad y la educación, en la práctica la falta de documentación suele convertirse en un obstáculo para recibir atención médica, participar en actividades extracurriculares o acceder a becas. Los niños se enfrentan a discriminación y a un sentimiento de aislamiento, ya que no pueden participar en igualdad de condiciones en la vida social.
Entre los migrantes sin papeles, una parte significativa procede de Colombia y de países africanos. Algunas familias llevan muchos años viviendo en España, pero sus hijos no han logrado regularizar su situación. Esto provoca que adolescentes que terminan la escuela o ingresan a la universidad no puedan obtener sus títulos debido a la falta de estatus legal.
Psicólogos y trabajadores sociales señalan que estos niños enfrentan dificultades con su autoidentidad. Han crecido en España, pero no se sienten plenamente integrados, mientras que en el país de origen de sus padres ya son considerados extraños. Esto afecta su motivación, sus planes de futuro y su bienestar psicológico.
Las autoridades españolas reconocen la existencia del problema. En 2024, el Defensor del Pueblo recomendó simplificar los procedimientos de reagrupación familiar y permitir que los menores puedan obtener un permiso de residencia independiente tras dos años de estancia legal de sus progenitores. Sin embargo, estas medidas avanzan lentamente y miles de niños siguen viviendo en una situación de inseguridad jurídica.
Mientras no se tomen medidas sistémicas, el problema de los “niños invisibles” en España persistirá, privando a toda una generación de migrantes de la oportunidad de una integración plena y un futuro digno.











