
La situación de las amenazas dirigidas a la diputada Tesh Sidi vuelve a poner sobre la mesa la cuestión de la seguridad de las figuras públicas en España y la rapidez con la que el odio en internet puede transformarse en amenazas reales. Tras publicar un comentario irónico sobre la legalización de migrantes, se enfrentó a una avalancha de agresiones, lo que llevó a que recurriera oficialmente a las fuerzas del orden. Este caso evidencia con claridad la gravedad del problema del ciberacoso y la intolerancia racial en la sociedad española.
En poco tiempo tras la publicación de su mensaje, Tesh Sidi recibió más de dos mil comentarios ofensivos y amenazantes. Entre ellos había amenazas directas de muerte, insultos humillantes y ataques racistas relacionados con su origen. La diputada subrayó que tales mensajes provenían no de cuentas anónimas, sino de usuarios reales, lo que añade especial gravedad a la situación.
La propia Sidi señala que los insultos en internet se han vuelto normales, pero que las amenazas de agresión física ya constituyen un delito penal. Decidió no ignorar la situación y acudió tanto a la policía como a la oficina de lucha contra los delitos de odio. Según sus palabras, la reacción a su publicación irónica sobre la naturalización de migrantes fue inesperadamente agresiva, especialmente por parte de grupos radicales.
Reacción social
Los videos publicados por la diputada en Instagram generaron una amplia repercusión. En ellos, detalla las amenazas recibidas y cómo afectan su vida. Sidi también manifestó su intención de reunirse con representantes de la empresa Meta para debatir la falta de control sobre este tipo de agresiones en redes sociales. Exige a la plataforma medidas más estrictas para prevenir amenazas e insultos.
Muchos usuarios apoyaron a la diputada, expresando solidaridad y reclamando un endurecimiento de la legislación contra el ciberacoso. Sin embargo, parte de la sociedad sigue justificando tales acciones, apelando a la libertad de expresión. Esta situación ha reavivado el debate sobre los límites del comportamiento aceptable en internet y la responsabilidad de las redes sociales sobre el contenido.
La policía ya ha iniciado una investigación sobre las amenazas dirigidas a Sidi. La entidad estudia la posibilidad de abrir un proceso penal por delitos relacionados con incitación al odio y amenazas contra la vida. Si se confirma la culpabilidad de algunos usuarios, podrían enfrentar un castigo severo.
Consecuencias políticas
El incidente con Tesh Sidi fue motivo de debate en el Parlamento y entre políticos de distintos partidos. Algunos diputados pidieron un mayor control sobre los comentarios en internet, mientras que otros defendieron la libertad de expresión. La cuestión de dónde está el límite entre la crítica y el delito sigue sin resolverse.
El caso de Sidi no es el primero dentro de una serie de incidentes similares en España. En los últimos años, varios políticos y figuras públicas han recibido amenazas tras publicaciones en redes sociales. Cada vez, estos sucesos generan un intenso debate, pero hasta ahora no se han producido cambios sistémicos.
Próximamente se prevé una reunión de la diputada con representantes de Meta, donde tiene previsto insistir en la implementación de nuevas herramientas para proteger a los usuarios frente al acoso y las amenazas. La cuestión de regular la actividad de las redes sociales cobra cada vez más relevancia ante el aumento de casos similares.
Contexto y casos similares
En los últimos años se han multiplicado en España las amenazas dirigidas a figuras públicas tras sus declaraciones en internet. En 2025 se produjo una situación similar con uno de los alcaldes de Andalucía, quien también recibió cientos de mensajes amenazantes tras un comentario sobre política migratoria. Entonces, la policía abrió una causa penal y las redes sociales suspendieron temporalmente varias cuentas implicadas en el acoso. En 2024, una reconocida periodista de Barcelona fue víctima de un ciberataque masivo tras publicar una investigación sobre corrupción, lo que provocó un debate público sobre la necesidad de endurecer el control de las amenazas en la red. Estos casos evidencian que el problema sigue vigente y requiere un enfoque integral por parte del Estado y de las empresas tecnológicas.












