
La situación del servicio ferroviario Rodalies en Cataluña se ha convertido en un auténtico desafío para cientos de miles de habitantes de la región. Tras una serie de accidentes y fallos técnicos, las rutas habituales están en peligro, obligando a las personas a buscar alternativas de manera urgente. Para muchos, no es solo una molestia, sino una cuestión de supervivencia: los desplazamientos diarios al trabajo, a los estudios o para visitar a familiares se han vuelto impredecibles e incluso a veces imposibles.
Obligados a recurrir a autobuses, coches o incluso motocicletas, los pasajeros de Rodalies enfrentan nuevos gastos, estrés y pérdida de tiempo. Algunos ya piensan en cambiar de empleo o mudarse para no depender de un servicio ferroviario tan inestable. Las autoridades intentan responder, pero las soluciones suelen llegar tarde o resultar ineficaces, y los pasajeros siguen viviendo en una continua incertidumbre.
La vida en pausa
Mar Carpio, de Badalona, recorre a diario casi 50 kilómetros hasta Sant Celoni, donde trabaja como farmacéutica. Reconoce que cada mañana el trayecto en Rodalies es una prueba. Las interrupciones en la línea se han vuelto tan frecuentes que Mar se plantea seriamente cambiar no solo de trabajo, sino también de ciudad. En su caso, el teletrabajo no es posible y pasar la noche en casa de familiares cerca del trabajo se ha convertido en una solución forzada. La última semana no ha podido acudir al trabajo ninguno de los días en que la red ferroviaria quedó completamente paralizada. Ahora, Mar busca vacantes en otras zonas para no depender de Rodalies.
Joan Boada, de Cardedeu, vive una situación similar. Su trayecto diario a Barcelona suele ser por la línea R2, considerada una de las más fiables. Sin embargo, tras la cancelación de trenes, se vio obligado a pasarse a la moto, a pesar de la lluvia, el frío y el viento. Intenta no usar el coche por los atascos y el alto coste del aparcamiento, y el autobús lo descarta por su precio elevado y las largas esperas. Joan señala que cada día empieza con tensión: nunca sabe si conseguirá llegar al trabajo y volver a casa.
Alternativas sin salida
Aaron Hiner, de Barcelona, trabaja en una empresa tecnológica en Viladecavalls y a diario utiliza la línea R4. Recuerda cómo en una ocasión el tren se detuvo por un árbol caído y los pasajeros pasaron dos horas encerrados en los vagones. Desde entonces, cada mañana inicia el día con la inquietud de si logrará llegar a la oficina. Según Aaron, los empleadores no siempre comprenden lo grave que es la situación y los comunicados oficiales suelen ser contradictorios. Las decisiones sobre autorizar el teletrabajo pueden cambiar varias veces en un solo día, añadiendo aún más desorden.
Otra pasajera, Diana Cruz de Gavà, se encuentra en una situación aún más complicada. Trabaja en una tienda en Barcelona, mientras que su hijo vive con el padre en Santa Susanna. Debido a las interrupciones del servicio ferroviario, Diana se ve obligada a tomar el autobús, lo que incrementa considerablemente sus gastos de transporte. Según cuenta, el coste diario de los desplazamientos ha aumentado tanto que el presupuesto familiar está en riesgo. Diana señala que la información oficial sobre el funcionamiento del transporte a menudo no refleja la realidad, y que los pasajeros deben buscar soluciones por su cuenta ante esta situación.
Estrés y cansancio
La situación no es menos tensa para los estudiantes. Judith Gali, de Mollet del Vallès, cursa un máster en radio y televisión en una escuela privada en el centro de Barcelona. Su única manera de llegar a la capital es mediante Rodalies o un autobús saturado que prefiere evitar. La semana pasada, Judith no pudo acudir a sus prácticas debido a la cancelación de trenes y llegó con casi una hora de retraso a clase. En ocasiones, su padre la acerca en coche hasta el metro, pero no siempre es posible. La dependencia constante de los avisos sobre el estado del tren y el temor a no llegar a casa o al estudio se han convertido en una fuente permanente de estrés para ella.
El panorama general es preocupante: los habitantes de Cataluña se ven obligados a adaptarse a diario a nuevas condiciones, sacrificando tiempo, dinero e incluso su salud. Muchos han perdido la esperanza de una pronta mejora y buscan fórmulas para reducir su dependencia de Rodalies. Para algunos esto implica buscar un nuevo empleo, para otros mudarse, y para otros más, adaptarse a un cambio forzoso en su estilo de vida.
Consecuencias para la región
Las interrupciones masivas en Rodalies han afectado no solo a pasajeros individuales, sino también a la economía regional en su conjunto. Los empleadores lidian con retrasos constantes de sus trabajadores, mientras que los centros educativos registran más ausencias. Los conductores notan un aumento del tráfico y los usuarios de autobús se quejan de la saturación y del alza en los precios. Las autoridades prometen reformas e inversiones, pero por ahora, para la mayoría de los catalanes, la única salida es la paciencia y la búsqueda de soluciones provisionales.
Hasta que el sistema ferroviario recupere la normalidad, los habitantes de la región continúan viviendo en la incertidumbre, tomando decisiones difíciles y replanteando sus planes día tras día. Para muchos, Rodalies ha dejado de ser un apoyo confiable para convertirse en una fuente constante de estrés y cambios.











