
En pleno corazón de la región del Baix Empordà, entre la costa de la Costa Brava y el interior de Cataluña, se encuentra Peratallada, un lugar donde el tiempo parece haberse detenido. Sus callejuelas empedradas y muros cubiertos de vegetación crean la sensación de estar en el escenario de una película histórica. Aquí, cada casa y cada rincón guardan la huella de los siglos.
El nombre del pueblo está ligado a la piedra con la que fue construido su centro histórico. Incluso tras siglos de historia, Peratallada no ha perdido su carácter feudal. En el centro destaca un castillo del siglo XI, situado sobre una colina rocosa y aún rodeado por un profundo foso. La torre, las antiguas murallas y la iglesia románica de Sant Esteve recuerdan que la historia aquí no es solo pasado, sino una parte viva del presente.
Al pasear por estas calles, es imposible no fijarse en las bugambilias y la hiedra que adornan las fachadas de las casas. Plazas como la Plaça de les Voltes, con sus arcos, la Plaça de l’Oli y la Plaça dels Esquiladors invitan a detenerse, descansar a la sombra o curiosear en las tiendas de productos locales. Todo el casco antiguo parece hecho para paseos tranquilos, en los que se puede olvidar el tiempo y simplemente disfrutar del ambiente.
A pesar de su tamaño modesto, la vida aquí es vibrante. A principios de octubre, Peratallada se transforma en el escenario de una feria medieval: malabaristas, músicos y comerciantes llenan las calles de alegría. En agosto se celebra una gran fiesta con cena en la plaza principal, donde se reúnen vecinos y visitantes. Estos eventos permiten sentirse parte de la historia, y no solo un espectador.
Para los viajeros, aquí hay de todo: hoteles acogedores, casas rurales, pequeños hostales, así como bares, restaurantes y tiendas de artesanía. Peratallada es ideal tanto para una visita breve como para unas vacaciones completas de fin de semana. Es fácil encontrar el equilibrio entre cultura, historia y tranquilidad.
Como parte del municipio de Forallac, Peratallada es considerada uno de los pueblos medievales mejor conservados de España y ha sido declarada Bien de Interés Cultural de carácter nacional. Su singularidad radica en que no es solo un museo al aire libre, sino una ciudad viva donde no solo se puede mirar, sino también sentir: pasear por sus plazas, escuchar música en la feria o observar cómo el atardecer tiñe de dorado los muros de piedra.












