
En noviembre de 2007 se produjo el primer divorcio sonado en la familia real española: Jaime de Marichalar y la infanta Elena pusieron fin oficialmente a su vida en común. Su historia comenzó en París, donde se conocieron, y tras la boda se establecieron en Madrid. Allí nacieron sus dos hijos, Felipe Froilán y Victoria Federica. Han pasado muchos años desde entonces, pero Marichalar sigue siendo uno de los representantes más discretos de la aristocracia española.
Prácticamente no aparece en público salvo en ocasiones muy especiales. Las excepciones suelen ser cuando acompaña a su hija a desfiles de moda o asiste a corridas de toros. El resto del tiempo, Jaime prefiere permanecer en un segundo plano, evita conceder entrevistas y no comenta asuntos relacionados con la familia. Su actitud contrasta marcadamente con la del antiguo yerno del rey, Iñaki Urdangarin, quien en los últimos años comparte detalles de su vida privada e incluso ha anunciado la publicación de sus propias memorias.
Territorio privado
Marichalar ha insistido en varias ocasiones en que no piensa hablar ni del divorcio ni de su relación con la exesposa. Incluso cuando en la autobiografía de Juan Carlos I se le dirigieron críticas, Jaime prefirió guardar silencio. En una ocasión, ante la insistencia de los periodistas, pidió con cortesía pero con firmeza que lo dejaran en paz y dejó claro que no revelaría detalles de su vida personal.
Desde su separación de Elena, Marichalar no ha sido vinculado públicamente con ninguna pareja. Se ha dedicado plenamente a su trabajo y a la crianza de sus hijos. Su nombre aparece con mayor frecuencia en la crónica social relacionado con el mundo de la moda y el lujo, donde es considerado un experto reconocido. A pesar de la ausencia de declaraciones llamativas, su influencia en estos sectores no ha hecho más que consolidarse.
Relación con sus hijos
La relación de Jaime con sus hijos ocupa un lugar especial en su vida. Su hijo Froilán vive por separado, pero el padre mantiene una relación cercana y afectuosa con él. Marichalar ha defendido en varias ocasiones tanto a su hijo como a su hija frente a los ataques de la prensa, subrayando que prefiere ver a Froilán como una persona alegre e independiente, y no como un estudiante aplicado incapaz de disfrutar la vida.
En las escasas entrevistas que ha concedido, Jaime ha expresado su pesar por los rumores y especulaciones que circulan sobre su familia. Ha subrayado que prefiere no reaccionar a las provocaciones y no involucrar a sus hijos en conflictos públicos. Para él, es fundamental que permanezcan fuera del foco mediático y puedan construir su vida sin la presión social.
Contraste con Urdangarin
Mientras Iñaki Urdangarin trabaja activamente en construir una nueva carrera pública, Marichalar se mantiene fiel a su estilo: el hermetismo absoluto. Urdangarin concede entrevistas, habla de sus experiencias personales e incluso comparte planes de futuro. Frente a esto, Jaime se muestra casi como un asceta para quien el silencio no es solo una elección, sino un principio fundamental.
Este enfoque le ha valido el respeto de gran parte de la élite española. Es considerado una persona de palabra, que no se deja llevar por la tentación de la exposición pública en busca de fama momentánea. En la sociedad, Marichalar es valorado por su discreción y su capacidad para mantener la distancia, a pesar de la constante atención que recibe.
Moda y estatus
Tras el divorcio, Jaime de Marichalar no solo se mantuvo en el foco público, sino que logró ocupar un lugar especial en el mundo de la moda y el lujo. Su estilo y buen gusto son reconocidos por diseñadores de renombre y su participación en eventos exclusivos solo ha reforzado su reputación. Se ha convertido en un símbolo de elegancia y mesura, lo que lo distingue claramente de otros miembros de la familia real.
En los últimos años, Marichalar aparece con mayor frecuencia en eventos vinculados a la moda, pero siempre como espectador y no como figura de la prensa rosa. Su nombre rara vez aparece en titulares escandalosos, algo que, según muchos, solo aumenta su prestigio ante la opinión pública.
Por cierto, Jaime de Marichalar es el ex esposo de la infanta Elena, hija del rey Juan Carlos I. Tras el divorcio, mantuvo su título y estatus, pero optó por alejarse del foco y centrarse en su vida personal y profesional. En España se le reconoce por su discreción y fortaleza, así como por su aporte a la industria de la moda y el apoyo a la infancia. Su nombre se asocia con la elegancia, el autocontrol y la capacidad de permanecer al margen de los escándalos, a pesar de la constante atención mediática.











