
En una de las pequeñas localidades de la provincia de Ourense se desarrolló una historia digna de una novela policiaca. Un hombre, que ahora tiene 35 años, durante muchos años no pudo lograr el reconocimiento de su origen ni el acceso a la herencia dejada por un empresario fallecido. Todo cambió cuando en el caso intervinieron detectives privados y expertos en genética.
La madre del hombre vivía en Galicia, mientras que el supuesto padre pasaba la mayor parte del tiempo en México, donde tenía un negocio. Solo se veían durante las visitas de él a su tierra natal. Su relación fue evolucionando poco a poco, pero tras la noticia del embarazo, el contacto se rompió. La mujer enfrentó la hostilidad de la familia de su pareja, que incluso amenazó con quitarle al niño en caso de confirmarse la paternidad. Finalmente, decidió criar a su hijo sola.
Años después, el hombre decidió descubrir la verdad sobre sus orígenes. Para ello, acudió a abogados y contrató detectives privados. Durante mucho tiempo, los investigadores siguieron la pista del supuesto abuelo paterno. En cierto momento, lograron obtener una muestra de saliva que él dejó en la calle. Este inusual material biológico fue recogido cuidadosamente, empaquetado y enviado al laboratorio para un análisis de ADN.
Los resultados de la pericia confirmaron el vínculo biológico entre el hombre y la familia del empresario. Cuando comenzó el proceso judicial, el juez ofreció al abuelo realizar una nueva prueba, pero este se negó a presentarse. Sin embargo, según la normativa vigente, la negativa a someterse a la pericia en presencia de otras pruebas permite al tribunal fallar a favor del demandante. Finalmente, el hombre fue reconocido oficialmente como hijo del empresario fallecido y obtuvo el derecho a la herencia. El abuelo, por su parte, tuvo que cubrir los gastos judiciales.












