
Este lunes Madrid será escenario de una reunión que ya ha desatado intensos debates en los círculos políticos. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, se sentarán a negociar para discutir si España está preparada para enviar tropas a Ucrania tras el fin de las hostilidades. El asunto trasciende la propia misión: está en juego el rumbo de la política exterior y quién tendrá la última palabra en las decisiones de defensa.
La tensión entre ambos líderes políticos ha alcanzado su punto máximo. En los últimos meses, Feijóo no ha dudado en criticar públicamente a Sánchez, acusándolo de intentar aprovechar la agenda de defensa para reforzar su posición. Ahora, ante la posibilidad real de un envío de militares españoles, el líder del Partido Popular exige ampliar el temario de la reunión y no limitarse únicamente al caso ucraniano.
El pulso político
Feijóo ha aceptado el diálogo, pero ha puesto sus condiciones desde el principio: debatir no solo sobre Ucrania, sino sobre toda la estrategia de España en defensa y política exterior. Su equipo insiste en que cualquier apoyo depende de total transparencia y del debate sobre todos los detalles, incluido el presupuesto y los compromisos a largo plazo. El Partido Popular rechaza aprobar decisiones aisladas fuera de contexto y exige que toda iniciativa militar pase obligatoriamente por una votación parlamentaria.
Sánchez, por su parte, no piensa ceder. Destaca que está dispuesto a detallar a la oposición la actual estrategia de seguridad y diplomacia que impulsa el gobierno. Las autoridades aseguran que actúan con transparencia e informan regularmente al Parlamento y a la ciudadanía sobre sus medidas. Sin embargo, la confianza entre ambos bandos es nula: cada movimiento va acompañado de reproches y sospechas mutuas.
Divisiones internas en el partido
Resulta llamativo que ni siquiera dentro del Partido Popular haya consenso sobre el envío de tropas. Mientras Feijóo adopta una postura cautelosa, sus homólogos europeos —como el canciller alemán Friedrich Merz y el primer ministro polaco Donald Tusk— apoyan abiertamente la idea de una misión de paz. Esto aumenta la presión sobre el líder de la oposición española, ya que su propio partido en Europa defiende una participación activa en este tipo de operaciones.
En el reciente congreso del partido en La Coruña, Feijóo afirmó que no dará carta blanca al Gobierno sin un informe detallado sobre los gastos y objetivos de la misión. Exige que se explique cada decisión y cada euro invertido en defensa. Algunos de sus compañeros van más allá y acusan a Sánchez de utilizar el tema de la seguridad nacional para desviar la atención de los problemas internos y los escándalos de corrupción.
Parlamento y coaliciones
La decisión de enviar militares españoles a Ucrania no puede tomarse sin la aprobación del Parlamento. Y allí la situación es complicada: los socialistas se enfrentan a la resistencia no solo de la oposición, sino también de sus propios socios de coalición. Algunos partidos, como Sumar, están dispuestos a debatir la participación en una misión para supervisar los acuerdos de paz, pero otros — como Podemos y BNG — se oponen frontalmente.
Al mismo tiempo, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y EH Bildu adoptan una postura expectante y evitan dar respuestas claras. Sánchez se ve obligado a maniobrar entre diferentes intereses para reunir la mayoría necesaria. Todo esto en un contexto marcado por otras cuestiones delicadas — como los recientes cambios en la política fiscal para arrendadores, que también han generado disputas dentro de la coalición.
Contexto internacional
España no actúa en el vacío. Toda la iniciativa para enviar fuerzas de paz forma parte de una misión europea más amplia, prevista para comenzar tras el alto el fuego en Ucrania. El plan contempla el envío de instructores, ingenieros, zapadores y observadores para la reconstrucción de la infraestructura defensiva de Kiev. Sin embargo, ni siquiera hay consenso claro dentro del país, mucho menos una posición unificada de toda la Unión Europea.
Sánchez también ha manifestado su disposición a enviar militares españoles a Palestina si allí se logra un acuerdo de paz. Esto complica aún más la situación: España corre el riesgo de verse implicada en varias misiones internacionales al mismo tiempo, lo que genera inquietud en parte de la clase política y la sociedad.
Un desafío para los líderes
El encuentro entre Sánchez y Feijóo podría marcar un punto de inflexión en la política española. Por un lado, están en juego los compromisos internacionales y la reputación del país. Por otro, las divisiones internas amenazan con paralizar la toma de decisiones. Ambos líderes se juegan mucho: Sánchez arriesga perder apoyo incluso entre sus propios aliados, mientras que Feijóo podría quedar aislado tanto dentro de su partido como en el ámbito europeo.
Por ahora solo está claro que el compromiso tendrá un alto precio y el resultado de las negociaciones es imposible de prever. España se enfrenta a una decisión que marcará su papel en Europa y en el mundo durante los próximos años.












