
En Roma se celebró la ceremonia de despedida de Valentino Garavani, el hombre que definió los estándares de belleza en el mundo de la alta costura durante décadas. Ese día, la capital italiana vivió una atmósfera especial: la ciudad parecía haberse detenido para rendir homenaje al diseñador cuyas creaciones cambiaron para siempre la visión del estilo y la elegancia. A pesar de su estatus legendario, la despedida fue íntima y sorprendentemente personal.
Las palabras de agradecimiento vinieron de las personas más cercanas a Valentino. Giancarlo Giammetti, su amigo de toda la vida, socio e inspiración, no ocultó sus emociones al recordar cómo el diseñador le enseñó a apreciar la belleza en los pequeños detalles. Fue precisamente Giammetti quien hizo realidad el último deseo de Valentino: organizar una despedida donde la estética y el refinamiento fueran los protagonistas. También se recordaron las célebres noches de verano en el yate TM Blue One, donde cada invitado debía respetar un estricto código de vestimenta, ya que para Valentino incluso lo cotidiano exigía sofisticación.
Sala blanca y flores
La ceremonia comenzó en una sala decorada en tonos blanco resplandeciente, donde bajo una pérgola de anémonas, camelias, rosas y bugambilias reposaba el féretro. Unas 10.000 personas acudieron en dos días para dar el último adiós al couturier. Entre ellas se encontraban sus musas: Naty Abascal con su hijo, así como Rosario Nadal. Donatella Versace destacó con un sobrio vestido rojo, mientras que Maria Grazia Chiuri no pudo contener las lágrimas. Giammetti subrayó que Valentino siempre respetó a las mujeres, nunca les impuso imágenes incómodas y les enseñó a vivir con dignidad, sin perder la elegancia.
En este día, Roma no mostraba ajetreo. A pesar de la imponente escolta de un centenar de personas, todo transcurrió en calma. Al templo llegaban lujosos automóviles, de los que descendían figuras del mundo de la moda, actores, modelos y empresarios. Entre los invitados estaban Alessandro Michele, Pierpaolo Piccioli, Tom Ford, François-Henri Pinault, Antoine Arnault con Natalia Vodianova, así como Anna Wintour y Anne Hathaway.
Música y emociones
El oficio católico fue acompañado por piezas de Mozart, Schubert y Fauré; al salir, sonaba un clásico italiano casi olvidado: Il nostro concerto. Esta pieza, dedicada al amor entre hombres, simbolizó la despedida de alguien que nunca temió mostrarse tal como era. El colofón final lo puso un aria de Puccini, que añadió un toque especialmente conmovedor a la ceremonia.
A diferencia de otros funerales ostentosos de íconos de la moda, la despedida de Valentino fue discreta y sin excesos. No hubo miembros de la realeza ni divas de Hollywood, habituales en estos eventos. Incluso sus clientas más fieles, como la reina de los Países Bajos, Rania de Jordania, Jennifer Lopez y Cate Blanchett, no lograron acudir. Sin embargo, muchas enviaron flores y cartas llenas de calidez y gratitud.
Final silencioso
Después del servicio, el féretro con el cuerpo de Valentino fue trasladado al cementerio Flaminio, donde fue sepultado en el mausoleo familiar que él mismo diseñó junto a Giancarlo Giammetti. En este edificio circular, con grandes ventanales y dos cipreses, ahora descansa el hombre cuyo nombre se convirtió en sinónimo de la moda italiana. En la lápida solo figuran dos apellidos: Garavani y Giammetti, símbolo de una amistad y una alianza eternas.
El funeral de Valentino Garavani resultó sorprendentemente sobrio para una figura de semejante talla. A diferencia de las despedidas de Gianni Versace o Alexander McQueen, donde predominaba el espectáculo y el glamour, aquí todo estuvo marcado por recuerdos personales y una tristeza genuina. Ni siquiera la ausencia de clientas famosas logró restar gravedad al momento: cada asistente sentía que se despedía no solo de un diseñador, sino de toda una época.
Valentino Garavani es un nombre que se ha convertido en símbolo de la elegancia italiana y del buen gusto. Su trayectoria en la moda comenzó a mediados del siglo XX, cuando abrió su primera casa de moda en Roma. A lo largo de décadas vistió a miembros de la realeza, estrellas de Hollywood y a las mujeres más influyentes del mundo. Su estilo se distinguía por la sofisticación, el cuidado por los detalles y el respeto a la feminidad. Incluso tras dejar el cargo de director creativo, su influencia se siente en cada colección, y su legado sigue inspirando a nuevas generaciones de diseñadores. Garavani siempre se mantuvo fiel a sus principios, apostando por la belleza, la armonía y la individualidad.












