
La tarde del domingo en Andalucía se convirtió en una catástrofe que tanto los habitantes de la región como todo el país tardarán mucho en olvidar. En las cercanías de la estación de Adamuz, en la provincia de Córdoba, un tren de alta velocidad Iryo que cubría la ruta Málaga-Madrid descarriló repentinamente. A bordo viajaban cerca de 300 pasajeros, muchos de los cuales regresaban a casa después del fin de semana o de viajes de negocios.
Según los primeros informes, la tragedia ocurrió alrededor de las 19:45, cuando el tren entraba en la primera vía de la estación. En cuestión de segundos, los vagones empezaron a volcarse y los gritos de los pasajeros se mezclaron con el estruendo del metal retorciéndose. El pánico se apoderó del lugar, la gente intentaba salir de los vagones destrozados, algunos incluso a través de las ventanas rotas.
Medidas de emergencia
Las autoridades de Sevilla no tardaron en reaccionar y declararon el estado de emergencia. Se activó el Plan Territorial de Emergencias para coordinar el trabajo de los equipos de rescate y sanitarios. Decenas de ambulancias, dotaciones de bomberos y agentes de la policía acudieron de inmediato a la zona. En pocos minutos el área de la estación fue acordonada y familiares de las víctimas y periodistas comenzaron a llegar al lugar del accidente.
El tráfico ferroviario entre Madrid, Córdoba, Sevilla, Málaga y Huelva fue suspendido por completo durante toda la jornada. Se habilitaron líneas de atención para familiares de víctimas y heridos: la compañía Iryo organizó la suya propia y Adif dispuso el teléfono 900 101 020. En Madrid, Córdoba y Huelva se instalaron puntos de apoyo psicológico.
Víctimas y consecuencias
Las cifras oficiales estremecen: 39 personas han muerto y más de 150 resultaron heridas de diversa gravedad. Cinco de los heridos se encuentran en estado crítico y los médicos luchan por sus vidas. Para muchas familias, este día se ha convertido en una fecha negra imposible de olvidar.
La compañía Iryo también ha habilitado una línea de atención para familiares de las víctimas. Las autoridades prometieron una investigación exhaustiva sobre las causas de la tragedia, aunque ya está claro que se trata del accidente ferroviario más grave de los últimos años en España.
Reacción social
En redes sociales y en las calles no cesan los debates sobre el suceso. La ciudadanía exige respuestas y justicia, así como la revisión de los estándares de seguridad en el ferrocarril. Muchos se preguntan si la tragedia pudo haberse evitado y por qué un tren tan moderno resultó impotente ante el destino.
Mientras los expertos analizan los detalles del accidente, el país llora a las víctimas. Las autoridades llaman a la calma y piden confiar en la información oficial, pero las emociones prevalecen. España se enfrenta de nuevo a una prueba que pone a examen no solo la infraestructura, sino también el destino de tantas personas.











