
La mañana en el barrio de San Carlos, en Sevilla, comenzó con pintadas en los muros del colegio Irlandesas de Loreto. Palabras como «Francisco, cómplice», «asesinos», «justicia» y «culpables» aparecieron tras conocerse la muerte de Sandra Peña, de 14 años. La joven, que estudiaba en este centro desde pequeña, se quitó la vida arrojándose desde la azotea de su vivienda justo después de las clases.
La familia de Sandra sostiene que, al menos durante un año, fue víctima de acoso por parte de sus compañeras. Aunque la dirección del centro estaba al tanto desde la primavera de 2024, no se tomaron medidas reales para proteger a la adolescente. Los padres entregaron al colegio informes psicológicos y notificaciones sobre el problema en varias ocasiones, pero la única respuesta fue separar a las alumnas en distintas clases. Sin embargo, seguían coincidiendo en pasillos y recreos, y la situación no cambiaba.
La policía ha iniciado una investigación sobre la tragedia, y la consejería regional de Educación ha confirmado que en el colegio no se activó ningún protocolo contra el acoso escolar ni medidas para prevenir conductas suicidas. Las autoridades no descartan que las responsables del acoso enfrenten responsabilidades penales, ya que tienen 14 años.
A Sandra le apasionaba el fútbol, era seguidora del Real Betis y jugaba en el club local CD Honeyball. Tras lo sucedido, numerosas organizaciones y hermandades del barrio han mostrado su apoyo a la familia. Sus seres queridos la recuerdan como una niña abierta, alegre y bondadosa, sin sospechar la profundidad de su sufrimiento.
En el patio del edificio donde vivía Sandra, los vecinos instalaron un memorial improvisado. Durante el acto de duelo en el barrio reinaban la tensión y las lágrimas. Tras expresar sus condolencias oficiales, la escuela no volvió a hacer declaraciones, sin mencionar ni las causas de la muerte ni el hecho del acoso.












