
En Cataluña concluyó un sonado proceso judicial: un exjefe de la unidad de los Mossos d’Esquadra se sentó en el banquillo de los acusados por ejercer presión sistemática sobre una subordinada que hizo uso de su derecho legal a la reducción de jornada para cuidar de su bebé. El tribunal lo declaró culpable de acoso y le impuso seis meses de prisión, además de una suspensión temporal del cargo.
La historia comenzó en 2013, cuando Elena (nombre cambiado) regresó al trabajo tras su baja por maternidad. En lugar de reincorporarse a su puesto habitual en el departamento científico-forense, fue destinada a tareas administrativas rutinarias. El nuevo jefe, que asumió el cargo durante su ausencia, dejó claro desde el principio que no aprobaba su decisión de trabajar a jornada reducida. A partir de entonces comenzó un largo periodo de humillaciones y aislamiento que se prolongó durante dos años.
A la mujer le retiraron sus responsabilidades anteriores, la enviaron a un despacho separado y, más tarde, incluso la trasladaron a otra planta, quedando apartada del resto del equipo. No la informaban de las reuniones, no le asignaban tareas y su superior realizaba comentarios ofensivos y sexistas en conversaciones privadas. Con el tiempo, Elena desarrolló graves problemas psicológicos, que posteriormente fueron reconocidos oficialmente como enfermedad profesional.
En 2015, la situación alcanzó su punto máximo: tras otra conversación humillante, la mujer sufrió una grave crisis nerviosa y fue hospitalizada. Poco después, decidió acudir a los tribunales, a pesar de la resistencia de la dirección y los intentos de silenciar el caso. Durante el proceso judicial se reveló que el comportamiento del jefe no era un caso aislado: otros empleados también habían experimentado su agresión y discriminación.
El Tribunal Supremo de España confirmó la sentencia, señalando que las acciones del oficial fueron sistemáticas y dirigidas a castigar a la mujer por ejercer sus derechos. Además de la sanción penal, la víctima recibió una indemnización, aunque para ella esta decisión supuso solo un alivio parcial tras años de lucha. La carrera de Elena quedó destruida y su salud, deteriorada. El antiguo oficial ahora trabaja en el sector privado, tras dejar Mossos d’Esquadra.












