
El sistema judicial español vuelve a estar en el centro de la atención pública por uno de los mayores escándalos financieros de los últimos años. En el banquillo de los acusados podría sentarse Claudio Rivas, socio del conocido intermediario Víctor de Aldama y antiguo arrendador del exministro José Luis Ábalos. La investigación lo vincula a un fraude de más de 70 millones de euros relacionado con las operaciones de la compañía SKT Oil.
Este no es el único caso en el que aparece Rivas. Paralelamente, está acusado en otro proceso donde figura la empresa Villafuel. En el marco de esa investigación, tanto Rivas como Aldama ya fueron enviados a prisión preventiva en otoño de 2024. Sin embargo, el caso de SKT Oil sorprendió especialmente a la sociedad española por la magnitud y audacia del esquema.
Una trama compleja
Los documentos de la causa describen con detalle cómo los implicados crearon una red de empresas ficticias y documentación falsa. Según la investigación, SKT Oil inflaba artificialmente las deducciones de IVA utilizando facturas de compañías inexistentes o inactivas. Esta práctica permitía ocultar grandes sumas y reintroducirlas en el circuito legal, eludiendo el control fiscal.
Métodos similares, según los investigadores, se emplearon a través de otra compañía petrolera: Owtra Oil. Como resultado, en solo tres años, de 2016 a 2018, SKT Oil logró evadir el pago de impuestos por cerca de 64 millones de euros. Según la investigación, Owtra Oil dejó de pagar otros 7,2 millones de euros al fisco en 2018.
Dinero e inmuebles
Según el tribunal, los fondos obtenidos de manera ilícita no permanecían en las cuentas, sino que se invertían activamente en bienes raíces. Entre las adquisiciones figuran un piso y una parcela en Valdemoro (Madrid), seis apartamentos en Benidorm (Alicante), un local comercial en Madrid valorado en 1,6 millones de euros, así como un edificio residencial completo de 45 viviendas, comprado en 2018 por 1,6 millones y vendido cuatro años después por casi el doble de precio.
La investigación sostiene que este tipo de inversiones formaban parte de un esquema para blanquear capitales. La compra y posterior venta de inmuebles permitía a los integrantes del grupo no solo ocultar el origen de los fondos, sino también obtener beneficios adicionales. Toda esta cadena de operaciones, según el tribunal, revela una estructura delictiva bien organizada.
Acusaciones e implicados
En el marco de la investigación, el juez Antonio Piña propuso llevar a juicio no solo a Rivas, sino también a otras 21 personas. Se les imputan delitos contra la Hacienda Pública, falsificación de documentos mercantiles, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal. Los informes judiciales subrayan que no se trata de episodios aislados, sino de una actividad sistemática que abarcó varios años y decenas de participantes.
Se destaca especialmente el papel de Rivas, quien según la investigación fue uno de los principales coordinadores del esquema. Sus vínculos con otros implicados y su experiencia en operaciones similares permitieron crear una red sólida, capaz de eludir el control de las autoridades. Sin embargo, la defensa insiste en la ausencia de pruebas directas y exige un análisis objetivo del caso.
Reacción y consecuencias
El caso ha generado una enorme repercusión pública. En España, rara vez se destapan tramas de tal envergadura, donde están en juego no solo millones de euros, sino también propiedades exclusivas en zonas prestigiosas. Muchos analistas señalan que estos procesos erosionan la confianza en los negocios y las instituciones estatales, además de poner en duda la eficacia del control sobre los flujos financieros.
El juicio promete ser largo y complejo. Se prevén interrogatorios, peritajes, análisis de documentos financieros y, posiblemente, nuevos detalles que causen sensación. La sociedad española sigue de cerca el avance del caso, ya que está en juego no solo el destino de personas concretas, sino también la reputación de sectores enteros de la economía.












