
Se desata un nuevo escándalo en el ámbito político de Estados Unidos: Donald Trump, presidente en funciones, realizó una declaración sorprendentemente contundente. Prometió iniciar operaciones terrestres contra los cárteles mexicanos, que según él prácticamente controlan al país vecino. Estas palabras se dieron en medio de recientes sucesos en América Latina, donde agentes estadounidenses y militares intentaron detener al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa, acusándolos de vínculos con el narcotráfico.
Trump no ocultó sus intenciones: propuso abiertamente a las autoridades mexicanas permitir el ingreso de tropas estadounidenses a su territorio para combatir a las organizaciones criminales. Sin embargo, la nueva presidenta de México, Claudia Sheinbaum, rechazó categóricamente esta iniciativa y subrayó que el país no permitirá injerencias en sus asuntos internos y buscará soluciones pacíficas al problema.
Frontera bajo presión
Las relaciones entre ambos países ya son tensas de por sí. Los más de 3 mil kilómetros de frontera común se han convertido desde hace tiempo en escenario de la lucha contra el tráfico ilegal de drogas. Los cárteles mexicanos, según agencias estadounidenses, controlan la producción y distribución de sustancias sintéticas, incluido el fentanilo, responsable de la epidemia de sobredosis en Estados Unidos. Trump afirma que cada año, cientos de miles de estadounidenses mueren a causa de las drogas provenientes de México.
Ante lo que Washington considera inacción, la Casa Blanca ya había impuesto medidas económicas, como el aumento de aranceles a productos mexicanos. Pero ahora la retórica se ha endurecido aún más: ya se habla de una posible intervención militar directa. Sin embargo, en Ciudad de México, estas amenazas se perciben como una forma de presión y una violación a la soberanía nacional.
Diplomacia y ultimátums
Trump no se limitó a México. En sus declaraciones también lanzó amenazas contra otros países de la región, como Colombia y Cuba. No obstante, tras una conversación telefónica con el presidente colombiano Gustavo Petro, la tensión entre ambos países disminuyó parcialmente. Aun así, la Casa Blanca insiste en la necesidad de tomar medidas más estrictas contra el narcotráfico.
La atención está centrada especialmente en el fentanilo. Según agencias estadounidenses e internacionales, casi toda la sustancia ilegal llega a Estados Unidos desde México, y sus componentes provienen de China. Las autoridades de ambos países se acusan mutuamente de no combatir con suficiente firmeza el problema, mientras que las medidas conjuntas de control fronterizo aún no pasan de los papeles.
La pista venezolana
En el contexto de la lucha contra los cárteles de la droga, Trump también se refirió a la situación en Venezuela. Declaró estar dispuesto a cooperar con la sucesora de Maduro, Delcy Rodríguez, y manifestó su interés en reunirse con la líder opositora María Corina Machado, recientemente galardonada con el Premio Nobel de la Paz en Oslo. Incluso bromeó diciendo que aceptaría la distinción personalmente si se la ofrecieran.
Paralelamente, la Casa Blanca planea conversaciones con representantes de las catorce mayores compañías petroleras para abordar la reconstrucción de la infraestructura energética de Venezuela. Esto podría marcar una nueva etapa en las relaciones bilaterales si se logra un consenso sobre los temas clave.
Mirada española
Para España, lo que ocurre al otro lado del Atlántico no pasa desapercibido. Cualquier agravamiento en la frontera entre Estados Unidos y México impacta inevitablemente en los flujos globales de migración y narcotráfico, y por extensión, en la seguridad europea. Desde Madrid se observa con atención la evolución de los acontecimientos, ya que una mayor presión sobre los cárteles podría modificar las rutas de suministro y aumentar la actividad de grupos criminales en el continente europeo.
La intervención de Estados Unidos en los asuntos de México genera inquietud no solo entre los líderes latinoamericanos, sino también entre los socios europeos. Sigue abierto el debate sobre la legitimidad de operaciones militares en territorio soberano, y las consecuencias de tales acciones pueden ser imprevisibles. Expertos españoles advierten que apostar por una vía de fuerza raramente garantiza éxitos a largo plazo, mientras que los riesgos para la población civil y la estabilidad regional aumentan considerablemente.












