
En Alcalá de Henares se llevó a cabo una protesta inusual: decenas de vecinos, disfrazados de zombis, se reunieron frente al ayuntamiento. Su objetivo era llamar la atención sobre la desaparición de eventos culturales que durante años han sido el sello distintivo de la ciudad. El cambio de gobierno en 2023, cuando asumieron representantes del Partido Popular (PP) y Vox, condujo a una revisión tanto del financiamiento como del formato de muchas celebraciones tradicionales.
Los organizadores de la protesta decidieron realizar un simbólico funeral para los festivales que fueron cancelados o puestos en pausa. En los ataúdes improvisados aparecían los nombres de eventos que antes eran populares: un certamen de pintura, un festival de música y encuentros literarios. Según los participantes, la ciudad está perdiendo poco a poco su identidad cultural, cediendo terreno ante fiestas más tradicionales y religiosas.
¿Por qué desaparecen los festivales?
Muchos proyectos que antes contaban con el apoyo del ayuntamiento ahora deben pasar por complejos trámites burocráticos. Las autoridades insisten en la transparencia y en la necesidad de convocar concursos para acceder a la financiación. Sin embargo, los organizadores señalan que, debido a las nuevas reglas, los plazos de los eventos no se cumplen y algunos festivales ni siquiera pueden llevarse a cabo. Por ejemplo, el festival de música que cada año reunía a jóvenes artistas no recibió apoyo en 2025 y fue cancelado.
Una situación similar se ha dado con otras iniciativas culturales. Un festival literario que reunía narradores de todo el país también se ha visto amenazado por las nuevas exigencias organizativas. Algunos concursos perdieron su financiación porque los organizadores no aceptaron las condiciones impuestas por el ayuntamiento. Como resultado, según los vecinos, la ciudad está perdiendo la diversidad de su vida cultural.
Reacción de las autoridades y de los vecinos
El ayuntamiento trató de impugnar la legitimidad del evento, argumentando que no cumplía con los requisitos de seguridad y no tenía el estatus de fiesta oficial. Sin embargo, los organizadores obtuvieron los permisos de instancias superiores y celebraron la marcha a pesar de las protestas de la administración. Los ciudadanos consideran que este tipo de actos son la única manera de llamar la atención sobre el problema de la desaparición de iniciativas culturales.
Muchos participantes están convencidos de que si no defienden el derecho a una vida cultural diversa, la ciudad terminará perdiendo su singularidad. Confían en que su protesta sea una señal para las autoridades y ayude a recuperar las antiguas tradiciones y festivales que unían a generaciones de vecinos.












