
En los últimos meses, Barcelona ha registrado un notable aumento de desalojos forzosos de personas que viven en asentamientos improvisados y refugios temporales. Para muchos vecinos, este fenómeno es una señal de alarma: el apoyo social no logra responder a los problemas reales de los grupos vulnerables. Montserrat Hernández y su esposo Mohamed Zegari se han convertido en el ejemplo de una situación que los obliga a afrontar, una vez más, la amenaza de quedarse en la calle ante una nueva ola de desalojos.
Según informa El País, la semana pasada agentes de la policía municipal desmantelaron cerca de cuarenta construcciones provisionales bajo el puente Pont del Treball Digne, en el barrio de Sant Andreu. Más de un centenar de personas tuvo que abandonar sus viviendas. Montserrat y Mohamed evitaron el desalojo solo porque, poco antes, habían dejado el campamento tras un conflicto con sus vecinos. Sin embargo, su nuevo refugio en el barrio de Poblenou volvió a peligrar pocos días después: las autoridades advirtieron que también allí comenzaría próximamente una operación de desalojo.
Oportunidades perdidas
La historia de Montserrat no es una excepción, sino el reflejo de un problema sistémico. Desde pequeña, ha sufrido privaciones: su madre era adicta a las drogas y creció en orfanatos y familias de acogida. Desde temprana edad tuvo que luchar por sobrevivir, cambiar de refugios y enfrentarse a episodios de violencia. Al alcanzar la mayoría de edad terminó en la calle, donde aprendió a buscar comida y alojamiento, así como a recurrir a organizaciones benéficas en busca de ayuda.
Según informa El País, tras conocer a Mohamed, quien llegó desde Bélgica sin documentación, la pareja tuvo que mudarse en varias ocasiones, pasando de un asentamiento a otro. Cada vez que los desalojaban, debían empezar de cero: buscar un nuevo refugio, adaptarse a diferentes condiciones y sobrellevar la indiferencia del entorno.
Vivir sin garantías
Los campamentos temporales en Barcelona suelen estar en descampados, cerca de fábricas abandonadas o bajo puentes. Las condiciones distan mucho de ser seguras: sin techo, sin servicios básicos y bajo constante amenaza de desalojo, la vida en estos lugares resulta extremadamente precaria. Montserrat relata que durante las lluvias recientes tuvo que dormir a la intemperie, con el agua cayendo directamente sobre su rostro. Cada vez que la policía exige abandonar la zona, las personas pierden no solo el techo, sino también sus pocas pertenencias personales.
Las autoridades justifican sus acciones por la necesidad de mantener el orden y las normas sanitarias, pero para los habitantes de los campamentos esto implica un estrés constante e imposibilidad de hacer planes a futuro. Según russpain.com, estos desalojos son cada vez más frecuentes y la cifra de personas en la calle no disminuye. Muchos no consiguen empleo por falta de documentos o registro, y los intentos de acceder a albergues suelen fracasar por falta de plazas.
Problemas estructurales
El problema de los asentamientos temporales y los desalojos en Barcelona no es nuevo. En los últimos años, la ciudad ha sido escenario de repetidos conflictos entre los habitantes de campamentos improvisados y los servicios municipales. Las autoridades prometen desarrollar nuevos programas de apoyo, pero en la práctica muchos quedan sin ayuda efectiva. Montserrat subraya que tras el desalojo las personas no desaparecen: simplemente se ven obligadas a buscar otro lugar donde pasar la noche.
La cuestión del empleo para estas personas sigue siendo crítica. Como mostró un reciente reportaje sobre las dificultades de los jóvenes españoles en el mercado laboral, publicado en russpain.com, muchos encuentran barreras incluso en el sector formal. Para quienes viven en los campamentos, estos obstáculos se convierten en prácticamente insalvables.
Contexto y consecuencias
En los últimos años, España ha registrado un aumento de desalojos de personas de asentamientos temporales, especialmente en las grandes ciudades. Las autoridades justifican estas acciones por razones de salubridad y seguridad, pero la problemática de las personas sin hogar no hace más que agravarse. En 2025, también se realizaron amplios operativos en Madrid y Valencia para desmantelar estos asentamientos, generando un intenso debate público. A pesar de las promesas municipales de crear más albergues y programas de ayuda, la cantidad de personas en la calle sigue creciendo. Expertos advierten que sin soluciones integrales y una mejor coordinación entre servicios, la situación difícilmente cambiará a corto plazo.












