
A principios de 2026 se dio a conocer un nuevo acuerdo entre Estados Unidos y la OTAN que podría cambiar el equilibrio de poder en el Ártico. La administración estadounidense y la dirección de la Alianza acordaron la posibilidad de construir instalaciones militares de EE UU en áreas específicas de Groenlandia. No obstante, Dinamarca sigue siendo la única titular de la soberanía sobre la isla, algo que se subrayó especialmente durante las negociaciones.
Los detalles del acuerdo se discutieron en reuniones a puerta cerrada con la participación de altos funcionarios de ambas partes. Según la información disponible, el modelo de las futuras bases se asemeja al de las instalaciones militares británicas en Chipre, que formalmente pertenecen al Reino Unido, aunque en el caso de Groenlandia se trata solo de un uso temporal del suelo, sin cesión de derechos de propiedad. El gobierno danés y las autoridades de Groenlandia (Kalaallit Nunaat) insisten en que cualquier decisión sobre el estatus de la isla la toman exclusivamente ellos.
Interés ártico
El acuerdo de defensa actualizado entre EE UU y Dinamarca, vigente desde 1951, ahora contempla la ampliación de la presencia militar estadounidense en la isla. El documento establece las condiciones bajo las cuales la OTAN puede iniciar la construcción de nuevas bases y la creación de zonas especiales de seguridad. El objetivo principal es reforzar la protección de la región y hacer frente a la creciente influencia de Rusia y China en el Ártico.
En los últimos años, Groenlandia ha estado en el centro de la atención de las potencias mundiales. Washington ha reiterado la necesidad de fortalecer su posición en el norte, argumentando la importancia estratégica de la isla. Sin embargo, los intentos de Estados Unidos de poner Groenlandia bajo su control anteriormente provocaron una fuerte reacción en Copenhague y entre los habitantes locales.
Equilibrio diplomático
El presidente estadounidense insiste en que solo Estados Unidos puede garantizar la seguridad de Groenlandia ante la creciente competencia en el Ártico. No obstante, el nuevo acuerdo no menciona la transferencia de la isla bajo la jurisdicción de Washington. Dinamarca y Groenlandia rechazan categóricamente cualquier sugerencia de cambiar el estatus del territorio. Por su parte, los líderes europeos mantienen un moderado optimismo, confiando en que el aumento de la presencia estadounidense no tensará las relaciones con Rusia y China.
El acuerdo fue posible después de que Estados Unidos renunciara a la amenaza de imponer nuevos aranceles a productos europeos y a la idea de una intervención militar en la isla. Ahora las partes buscan un compromiso entre los intereses de seguridad y el respeto a la soberanía. En las próximas semanas se esperan nuevas rondas de negociaciones que podrían definir el futuro de la presencia militar estadounidense en el Ártico.
Desafíos y preocupaciones
Las autoridades de Dinamarca y Groenlandia subrayan que cualquier decisión sobre el despliegue de instalaciones militares extranjeras debe tomarse teniendo en cuenta la opinión de la población local. En la sociedad crece la preocupación por un posible aumento de la tensión en la región. Muchos temen que la aparición de nuevas bases conduzca a la militarización del Ártico y a una intensificación de la rivalidad entre las potencias mundiales.
Sin embargo, para Estados Unidos y la OTAN, Groenlandia sigue siendo una plataforma clave para controlar las rutas marítimas del norte y los recursos. En el contexto del calentamiento global y el deshielo del Ártico, la importancia de la isla no hace más que aumentar. La decisión de construir nuevas bases podría convertirse en un momento decisivo para toda la región.
Perspectivas
Por el momento, ninguna de las partes está dispuesta a ceder en la cuestión de la soberanía. Dinamarca se mantiene firme en su postura, mientras que Estados Unidos continúa aumentando la presión mediante herramientas diplomáticas y económicas. En el futuro cercano, la atención mundial estará centrada en las negociaciones, cuyo desenlace definirá no solo el futuro de Groenlandia, sino también el equilibrio de poder en el Ártico.











