
Luxemburgo entra en una nueva era. A partir del tres de octubre, cuando el gran duque Enrique ceda oficialmente el trono a su hijo Guillermo, comenzará una etapa completamente diferente para la pareja real. En vísperas de este hecho histórico, su esposa, la gran duquesa María Teresa, ha decidido compartir sus reflexiones sobre el futuro, el presente y las lecciones del pasado, presentando al público su visión para los próximos tiempos.
La figura de María Teresa, conocida por su carácter controvertido, busca en sus recientes declaraciones pasar página respecto a los episodios difíciles de su reinado. Esto se refiere especialmente a las consecuencias del informe Waringo, que en su momento sacó a la luz el ambiente tenso en la corte y la alta rotación de personal supuestamente provocada por su carácter complicado. Ahora, la duquesa prefiere centrarse en los cambios positivos y nuevos horizontes.
Mira al futuro con optimismo, describiéndolo como un tiempo para descubrir una «nueva libertad». Según afirma, junto a su esposo se preparan para vivir una segunda juventud e incluso una especie de nueva luna de miel. Gozando de buena salud, la pareja planea viajar mucho y, lo más importante, finalmente disfrutar plenamente del tiempo con su familia numerosa. Estos proyectos marcan un alejamiento del estricto protocolo y de las obligaciones oficiales que durante décadas definieron su vida.
Al recordar el pasado, la esposa del monarca saliente también abordó el tema de la crianza de sus cinco hijos, calificándolo como un verdadero desafío. La principal tarea consistía en brindar a cada uno la misma atención, evitando los celos hacia el hijo mayor, el heredero al trono, Guillaume. Confesó que durante mucho tiempo sintió culpa al pensar que, debido a su apretada agenda oficial, dedicaba poco tiempo a sus hijos. Sin embargo, con el tiempo logró encontrar un equilibrio interno. La clave, según ella, fue aprender a sumergirse por completo en el momento presente: cuando estaba con sus hijos, pensaba solo en ellos, y al cumplir con sus funciones oficiales, se concentraba únicamente en su papel de gran duquesa.
Este principio lo aplica también en la relación con sus nueve nietos, con quienes mantiene vínculos muy cercanos y de confianza. Sin embargo, su descanso no será pasivo. La gran duquesa planea volcarse plenamente en la labor humanitaria. Mientras su esposo se centrará en temas medioambientales, ella continuará impulsando su fundación de ayuda a los necesitados en Luxemburgo y en el extranjero. Un lugar especial en su corazón ocupa la asociación «Stand Speak Rise Up!», creada para combatir la violencia sexual como arma de guerra. María Teresa considera su deber empoderar a mujeres que han sobrevivido a la violencia y garantizar un futuro digno para los niños nacidos como resultado de crímenes de guerra. Se define como una persona hiperactiva y afirma que nunca abandonará su misión.











