
Un equipo de investigadores de la Facultad de Medicina de Harvard (Harvard Medical School) en Boston ha presentado los resultados de un amplio análisis dedicado al impacto de la iluminación nocturna en la salud de los adultos. Los especialistas utilizaron modernas técnicas de imágenes cerebrales y vasculares para evaluar cómo la luz artificial durante la noche afecta los procesos internos del cuerpo.
En el estudio participaron 450 personas sin enfermedades cardíacas crónicas ni procesos oncológicos activos. Cada participante se sometió a un examen exhaustivo que incluyó tomografía por emisión de positrones y tomografía computarizada. Este enfoque permitió evaluar simultáneamente el nivel de estrés en el cerebro y el grado de inflamación en las arterias.
Los resultados mostraron que cuanto mayor es el nivel de luz artificial por la noche, más intensas son las respuestas de estrés en el sistema nervioso central y los procesos inflamatorios en los vasos sanguíneos. Estos cambios están directamente relacionados con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.
Riesgos para el corazón: cómo la luz afecta los vasos sanguíneos y el cerebro
El análisis de los datos médicos de los participantes reveló una tendencia clara: un aumento en la exposición a la luz nocturna equivalente a una desviación estándar se asoció con un incremento del 35% en el riesgo de enfermedades cardíacas en cinco años y del 22% en un período de diez años. Esta relación se mantenía incluso después de considerar otros factores, como el nivel de ruido, el estatus socioeconómico y los hábitos de los residentes.
Especialmente vulnerables resultaron ser las personas que viven en zonas con altos niveles de estrés externo, como cerca de vías muy transitadas o en barrios de bajos ingresos. A lo largo de diez años, se detectaron patologías cardíacas graves en el 17% de los participantes, lo que confirma la relevancia del problema para la población urbana.
Los científicos advierten que incluso un aumento moderado de la iluminación nocturna puede provocar alteraciones negativas en la función cerebral y vascular. Además, la relación entre el nivel de luz y el riesgo de enfermedades resultó ser prácticamente lineal: cuanto mayor la intensidad lumínica nocturna, mayor la probabilidad de desarrollar problemas cardíacos.
Recomendaciones prácticas: cómo reducir los daños de la iluminación nocturna
Los autores del estudio señalan que el impacto negativo de la luz artificial puede reducirse tanto a nivel del urbanismo como en la vida cotidiana. Entre las medidas propuestas figuran la reducción de la iluminación exterior innecesaria, la instalación de farolas sensibles a la luz y el uso de pantallas protectoras en las lámparas de la calle. En casa, los expertos recomiendan mantener la máxima oscuridad posible en el dormitorio, evitar el uso de luces nocturnas y no mirar pantallas de televisores o teléfonos móviles antes de dormir.
Según los expertos, estos sencillos pasos pueden disminuir la carga sobre el sistema cardiovascular y reducir el riesgo de desarrollar enfermedades peligrosas. En el entorno urbano actual, donde los niveles de iluminación artificial siguen aumentando, estas recomendaciones son especialmente relevantes para preservar la salud.
La investigación resalta la importancia de un enfoque integral en la planificación de la iluminación tanto en las ciudades como en los hogares. Controlar los niveles de luz durante la noche puede convertirse en uno de los factores clave para prevenir enfermedades cardiovasculares en el futuro.












