
Te despiertas y tu mente ya repasa una interminable lista de cosas que «deberías» hacer hoy. Si el proyecto no sale perfecto, te invade la sensación de que no te esforzaste lo suficiente. Los demás pueden felicitarte, pero tú solo ves defectos y piensas que podrías haberlo hecho mejor. Descansar te parece un lujo inadmisible, porque una voz interna te apremia recordándote nuevas tareas, como si cada logro fuera apenas un escalón hacia una meta aún más alta. Insatisfacción con tu aspecto, la idea de que no le dedicaste suficiente atención a tu amiga o los pensamientos sobre comer más sano: si estos dilemas te resultan familiares, probablemente hayas caído en la trampa de exigirte demasiado. Es un rasgo común, especialmente entre mujeres, que puede afectar seriamente el equilibrio mental.
Según la doctora en psicología Silvina Pérez Sambón, experta de la plataforma Clearly, que une psicología e inteligencia artificial para facilitar el acceso a la terapia, tener objetivos y aspirar a crecer es el motor natural de nuestro progreso. Sin embargo, aclara que es fundamental reconocer el momento en que el deseo sano de superación se transforma en una autoexigencia rígida e impuesta.
¿De dónde surge esta carrera hacia el ideal?
Para comprender la naturaleza de este fenómeno, es necesario analizar las construcciones sociales en las que vivimos. El constante deseo de cumplir con ciertos estándares no se debe únicamente a las ambiciones profesionales. Aunque muchos hombres también sienten insatisfacción con sus logros, las mujeres soportan una carga de expectativas mucho mayor, lo que convierte este tema en una de las consultas más frecuentes en el despacho del psicoterapeuta. Según la especialista, históricamente el papel femenino ha estado sobrecargado. Las exigencias provienen de todas partes: tener éxito en la profesión, ser una hija ejemplar, una pareja ideal, una madre atenta y una amiga leal. En otras palabras, dar el cien por ciento en todos los roles sociales. Además, hay que ajustarse a los cánones de belleza y, por supuesto, mantener una salud impecable.
¿Motivación o auto-reproche? ¿Cómo distinguirlo?
Всем известно, что амбиции служат мощным двигателем в повседневной жизни. Но важно проводить черту между ними и изнуряющей самокритикой. Психолог поясняет, что со временем внешние требования усваиваются и становятся частью личности. Именно тогда и появляется внутренний тиран. Когда нами движет здоровая амбиция, преобладает чувство удовлетворения и самореализации, причем не только в момент достижения цели, но и на протяжении всего пути. Когда же она мутирует в жесткое требование, появляются тревожные сигналы: апатия, хроническая усталость, потеря ориентиров и, что самое главное, пренебрежение собственными базовыми потребностями. Распознать эту грань не всегда просто. Помимо последствий, о которых говорит эксперт, существуют и другие симптомы. Чрезмерная строгость к себе проявляется в мыслях о собственной некомпетентности, постоянной самокритике и негибком перфекционизме. Женщина, которая слишком сурова к себе, обычно обесценивает свои успехи, концентрируется на ошибках, испытывает вину или тревогу, если не дотягивает до своей же планки, и не умеет расслабляться или радоваться победам. Это стремление все контролировать и получать только высший балл может вызывать стресс, раздражительность и даже физические недомогания – от бессонницы до мышечных зажимов. Более того, это сказывается и на отношениях с окружающими: появляется склонность постоянно сравнивать себя с другими и трудности с тем, чтобы попросить о помощи. Самый явный маркер – когда внутренний двигатель вместо того, чтобы заряжать энергией, начинает истощать, принося дискомфорт и снижая качество жизни.
El otro extremo es el conformismo apático
¿Y si, en lugar de estar eternamente insatisfecho contigo mismo, sientes comodidad en la pasividad? Aunque ambos fenómenos tienen sus raíces en la autoestima, se manifiestan de manera diferente. Mientras el perfeccionismo provoca una actividad excesiva e incansable, el conformismo genera una pasividad cercana a la parálisis. Según la experta, en este estado tampoco se experimenta bienestar, aunque a veces intentemos convencernos de lo contrario. El conformista se adapta fácilmente a las circunstancias y opiniones sin cuestionarlas, incluso si la situación es desfavorable. Su postura es pasiva. Sin embargo, este estado es igualmente perjudicial para la salud mental. Es característico de la apatía: incapacidad de sentir emociones intensas y pérdida de interés en cosas que antes generaban alegría. Es importante no confundirlo con la pereza: en el conformismo se observa una disminución general de la iniciativa y de la respuesta emocional al mundo.
¿Cómo encontrar el equilibrio y dejar de atormentarte?
Para lograr un equilibrio saludable entre las ambiciones positivas y la compasión hacia uno mismo, la especialista propone dos prácticas. En primer lugar, aprender a decir «no». Comprender que no nacemos perfeccionistas, sino que nos convertimos en tales bajo la influencia del entorno, convierte esta habilidad en algo fundamental. Establece tus propios límites, respétalos, tómate una pausa antes de responder a una solicitud y analiza si realmente es algo necesario y urgente. Puedes suavizar tu negativa, por ejemplo, diciendo: «ahora no puedo, volvamos a esto más tarde» o «necesito pensarlo». A veces basta con agradecer y decir que no te interesa, sin dar explicaciones de más. En segundo lugar, la práctica de la reflexión y la meditación. Es importante tomar pausas conscientes a lo largo del día para descansar, hacer ejercicios de respiración o dedicarte a actividades placenteras. El tiempo libre es necesario para desacelerar y replantear ciertos aspectos. Por ejemplo, puedes preguntarte: ¿qué significan para mí personalmente el éxito y la perfección? ¿Cómo sabré que he alcanzado mi objetivo? ¿Cómo lo celebraré y con quién querré compartir esa alegría? Vivir en una carrera constante impide disfrutar del momento presente. Esto conduce a un enorme agotamiento físico y emocional. En nuestra sociedad exigente, el amor propio, el cuidado personal y la autocompasión no son simplemente actos de bienestar, sino casi actos de rebeldía. Pero muchas de las grandes transformaciones en la historia de la humanidad comenzaron cuando alguien se atrevió a desafiar la presión externa y eligió, en su lugar, la autenticidad y el autocuidado.












