
En Los Ángeles, donde la vida rara vez se detiene, la pandemia de COVID-19 se convirtió inesperadamente en un catalizador de cambios tanto para las personas como para las aves urbanas. Ornitólogos que estudiaban la población de junco ojioscuro (Junco hyemalis) en la Universidad de California observaron un fenómeno sorprendente: las aves que nacieron en pleno confinamiento desarrollaron picos notablemente más largos y delgados que los de generaciones anteriores. Este cambio resultó ser temporal: en cuanto se levantaron las restricciones, la morfología del pico volvió a los estándares urbanos habituales.
Un estudio realizado entre 2018 y 2024 permitió observar lo rápida y flexiblemente que la fauna urbana responde a los cambios ambientales provocados por la actividad humana. La atención de los científicos se centró no solo en las aves mismas, sino también en su capacidad para adaptarse a nuevas condiciones cuando las fuentes habituales de alimento desaparecen de repente.
La pandemia y el entorno urbano
En 2020, cuando Los Ángeles quedó desierto debido a estrictas medidas de cuarentena, los juncos urbanos se enfrentaron a la falta de los restos comestibles habituales. Con restaurantes y cafeterías cerrados, desapareció la principal fuente de alimento para muchas aves de la ciudad. En estas circunstancias, se beneficiaron aquellos ejemplares con picos más parecidos a los de sus parientes silvestres: largos y delgados, ideales para buscar semillas y alimentos naturales.
Ornitólogos señalan que cambios morfológicos de este tipo son sumamente raros y suelen requerir décadas de evolución. Sin embargo, en este caso, las transformaciones se hicieron evidentes ya en la siguiente generación. Los polluelos nacidos en 2021 y 2022 se diferenciaban de sus congéneres urbanos eclosionados antes de la pandemia: sus picos estaban mejor adaptados para buscar alimento natural, en lugar de consumir restos de comida humana.
El impacto del confinamiento en el comportamiento y la morfología
De forma paralela a los cambios observados en Los Ángeles, procesos similares tuvieron lugar en otras ciudades del mundo. Por ejemplo, en San Francisco los gorriones coroniblancos (Zonotrichia leucophrys) comenzaron a cantar más bajo, ya que el ruido urbano desapareció, mientras que en Londres los halcones peregrinos (Falco peregrinus) modificaron su dieta y empezaron a cazar otras aves debido a la desaparición de las tradicionales palomas.
En Los Ángeles, los juncos, que estaban acostumbrados a la abundancia de desperdicios, se enfrentaron a nuevas condiciones. Las investigadoras Eleanor S. Diamant y Pamela J. Yeh registraron que durante el confinamiento sobrevivían principalmente aquellos ejemplares cuyos picos les permitían obtener alimento de fuentes naturales. Esto tuvo un rápido impacto en la morfología de la siguiente generación.
Regreso a las condiciones previas
Cuando se levantaron las restricciones, la ciudad volvió a su ritmo habitual y con ello regresó la abundancia de residuos comestibles. Los juncos nacidos en 2023 y 2024 ya presentaban picos nuevamente más cortos y gruesos, como sus antecesores antes de la pandemia. Esto confirma que los cambios morfológicos estuvieron ligados directamente a la disponibilidad de alimento, y no a la migración de ejemplares provenientes de áreas silvestres.
La hipótesis alternativa, que sugería una migración masiva de juncos silvestres hacia la ciudad, no fue confirmada. Las aves observadas en el campus universitario mostraron un comportamiento típico de las poblaciones urbanas: no temían a las personas y utilizaban activamente la infraestructura urbana en busca de alimento.
La adaptabilidad de la fauna urbana
Este caso se convirtió en una demostración clara de la rapidez con la que los animales urbanos pueden adaptarse a condiciones cambiantes. En solo unos años, la población de juncos presentó cambios morfológicos reversibles asociados exclusivamente a la actividad humana. Tan pronto como la vida habitual regresó, también desaparecieron las características inusuales.
Observaciones como estas invitan a reflexionar sobre lo estrechamente entrelazados que están los destinos de los animales urbanos y los seres humanos. Incluso cambios breves en el ritmo de la metrópolis pueden provocar inesperados saltos evolutivos entre los habitantes de parques y plazas urbanas.
Si no lo sabía, la University of California, Los Angeles (UCLA) es uno de los mayores centros de investigación de Estados Unidos, donde se realiza un importante trabajo sobre la fauna urbana. La ornitóloga Eleanor Diamant y su colega Pamela Ye son conocidas por sus proyectos de monitoreo sobre la adaptación de las aves a la vida en las grandes ciudades. Sus investigaciones son frecuentemente comentadas en la comunidad científica y contribuyen a comprender mejor la rapidez con la que la naturaleza responde a los cambios provocados por el ser humano.










