
Elegir la almohada adecuada va mucho más allá de buscar comodidad. Muchos subestiman su importancia, y en vano: un modelo inadecuado puede convertir la noche en un desafío, provocando dolores de cabeza y molestias en el cuello al despertar. Por eso, saber cómo seleccionar la opción ideal es clave para un buen descanso nocturno y para sentirse bien durante todo el día.
Uno de los errores más comunes al comprar una almohada es ignorar la correcta alineación de la cabeza, el cuello y la columna vertebral. La almohada ideal debe ofrecer soporte a estas tres zonas, manteniéndolas en una posición neutral durante toda la noche. Este equilibrio es crucial para prevenir la tensión muscular, el dolor de cuello y espalda, y para lograr un sueño realmente profundo y reparador. Si te despiertas con rigidez o dolor de cabeza, probablemente tu almohada no es la adecuada para ti.
Cada postura al dormir requiere un tipo de soporte diferente, tanto en altura como en firmeza. Así puedes encontrar la opción perfecta para ti:
– Para quienes duermen de lado: Elige una almohada alta (alrededor de 15 cm) y firme. Este modelo llena el espacio entre el hombro y la cabeza, mantiene la columna alineada y reduce la presión sobre las articulaciones.
– Para quienes duermen boca arriba: Una almohada de altura media (12-13 cm) y firmeza media es la opción correcta. Debe sostener suavemente la curva natural del cuello, sin levantar demasiado la cabeza ni dejar que se hunda.
– Para quienes duermen boca abajo: en estos casos, lo mejor es optar por una almohada baja (de 10 cm o menos), e incluso a veces prescindir completamente de ella. Esto ayuda a evitar la tensión excesiva en la zona cervical, limita la torsión del cuello y previene el dolor al despertar.
El modelo ideal para el cuello mantiene la cabeza alineada con la columna vertebral, evitando que se incline en exceso hacia adelante o hacia los lados. Los materiales más recomendados son la espuma viscoelástica y el látex, ya que se adaptan a la forma del cuello sin crear puntos de presión.
La variedad de rellenos disponibles puede resultar confusa, pero conocer sus características básicas ayuda a tomar la mejor decisión. Además del material, es importante considerar el coste de mantenimiento y la durabilidad del producto.
Las almohadas de espuma viscoelástica ofrecen un soporte ergonómico, adaptándose perfectamente a los contornos de la cabeza y el cuello y distribuyendo el peso de forma uniforme. Son una excelente opción para quienes necesitan un apoyo firme. Sin embargo, este tipo de almohadas tienden a retener el calor, lo que puede resultar incómodo en las noches de verano.
El látex, ya sea natural o sintético, es conocido por su elasticidad y transpirabilidad. Es una solución ideal para quienes se mueven mucho mientras duermen o sufren de alergias, gracias a sus propiedades hipoalergénicas y su capacidad de repeler los ácaros del polvo. El látex mantiene una sensación fresca y agradable, aunque puede resultar algo pesado.
Las almohadas de plumas y plumón son populares por su increíble suavidad y ligereza. Ofrecen una sensación acogedora y resultan especialmente adecuadas para quienes duermen boca abajo y no requieren un soporte estructural firme. Como desventaja, con el tiempo pueden deformarse y no se recomiendan para personas alérgicas.
Los rellenos sintéticos, como la microfibra o el poliéster, permiten una buena transpiración y son fáciles de lavar, lo que los convierte en una buena opción para personas con alergias. Por lo general, son más económicos y resisten lavados frecuentes, aunque pueden ofrecer un soporte menos personalizado que la espuma o el látex.
De hecho, un estudio reciente de la Sociedad Española de Sueño (SES) reveló que más del 30% de la población adulta del país se queja de la mala calidad de su descanso. Los expertos asocian este problema no solo al estrés, sino también a una cama mal acondicionada. Según ellos, cambiar la almohada cada 2-3 años es una de las medidas más sencillas y eficaces para mejorar la higiene del sueño. Además, los especialistas aconsejan prestar atención a los materiales certificados, especialmente a quienes son propensos a las alergias.












