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Menopausia sin estrés: cómo recuperar la alegría con pausas conscientes

La química de la felicidad está en tus manos: cómo las breves pausas lo cambian todo durante la menopausia

La etapa de transición trae nuevos desafíos. El agotamiento mental se convierte en algo habitual. Descubra formas sencillas y accesibles para recuperar el control sobre su bienestar.

«Me despierto pensando en una lista interminable de tareas y me acuesto aún más agotada, habiendo cumplido apenas una décima parte de lo planeado». Muchas mujeres que atraviesan la menopausia se reconocen en estas sensaciones. Uno de los problemas más subestimados de esta etapa de la vida es el agotamiento mental. Suele venir acompañado de dificultades de concentración y lapsos de memoria. Todo esto es consecuencia directa de una importante reorganización de la neuroquímica cerebral. Durante este proceso de reconfiguración de conexiones neuronales y de equilibrio de neurotransmisores, nuestra psique se vuelve especialmente vulnerable. Por eso es fundamental contar con estrategias que ayuden a reducir al mínimo las manifestaciones negativas.

Durante la transición menopáusica, el cuerpo funciona en un nivel energético completamente diferente. Cambian la resistencia al estrés y la necesidad de recuperación. Las fluctuaciones de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y el GABA, en el contexto de la adaptación hormonal, hacen que el sistema nervioso sea hipersensible al estrés y al cansancio. En este nuevo escenario, los descansos en el trabajo y la rutina diaria dejan de ser un capricho o un indicio de pereza; se convierten en una auténtica necesidad fisiológica y emocional.

No se trata de una procrastinación sin sentido, sino de una gestión consciente de los propios recursos. Breves, pero regulares momentos de descanso ayudan a optimizar la energía, mejorar la concentración, estabilizar el estado emocional y, en general, mantener el bienestar, que es la base de la salud. Las pausas estratégicas son momentos conscientes de «desconexión» y reinicio, que pueden durar desde unos minutos hasta períodos más largos. Estas activan el sistema nervioso parasimpático, lo que contribuye a reducir el nivel de cortisol, disminuir la llamada «inflamación silenciosa» (inflammaging) y recuperar la claridad mental.

Cada vez que tomas un descanso consciente, aunque solo dure un par de minutos, en el cerebro se activa una cascada de reacciones bioquímicas que mejoran tu bienestar. Aumenta el nivel de serotonina, conocida como la «molécula de la calma», proporcionando una sensación de equilibrio. Al mismo tiempo, se regulan los niveles de dopamina: en lugar de estar atrapado en la multitarea constante o la sobreestimulación digital, comienza a asociarse con recompensas más saludables, como el placer de una respiración profunda, un paseo tranquilo o el simple acto de contemplar. Esta autorregulación es fundamental en momentos en los que la sensibilidad a los picos de estrés está agudizada.

La felicidad en la madurez no se compone solo de grandes logros y proyectos finalizados. Se encuentra en esos momentos cotidianos en los que elegimos detenernos. Las pausas estratégicas también estimulan la producción de oxitocina, la hormona del apego, y de endorfinas, nuestros analgésicos naturales. Acciones sencillas como caminar tranquilamente, hacer ejercicios de respiración o mantener una breve conversación con un ser querido pueden transformar por completo nuestro estado interior. No se trata de gestos grandiosos, sino de microrrituales que activan la química del bienestar. La lección es simple: no hace falta esperar a terminar todas las tareas para sentirse bien. La oportunidad está escondida entre reuniones, mientras se prepara la cena, en cualquier momento del día. Las pausas no son obstáculos en la vida, sino la propia vida, que nos recuerda el valor del momento presente.

¿Cómo transformar cada pausa en un ritual de bienestar? Empiece con una práctica de respiración de dos minutos entre tareas: cierre los ojos y respire siguiendo el patrón «4-4-6-2» (inhalación-retención-exhalación-pausa). Esto reduce rápidamente el cortisol. Adapte la técnica «Pomodoro» a su manera: 50 minutos de máxima concentración y 10 minutos de descanso activo —camine, estírese, beba agua. Una siesta breve de 15 minutos puede ser una verdadera recarga para el sistema nervioso. Cuando sienta sobrecarga de información, tómese un descanso sensorial de 3 a 5 minutos: escuche música, inhale aroma de lavanda, mire a lo lejos. Incluso una breve conversación tomando té con alguien de confianza libera oxitocina y sirve como poderosa protección emocional. No olvide la alimentación: un puñado de bayas o frutos secos, un trozo de chocolate negro, ayudarán a regular la dopamina y la serotonina. Lo principal es que no necesita cambiar radicalmente su rutina. Basta con incorporar estos pequeños oasis de tranquilidad para que el cuerpo libere tensión, la mente se aclare y mejore el ánimo. En el mundo actual se nos enseña a no detenernos nunca, pero durante la menopausia la verdadera fortaleza está en saber pausar a tiempo.

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