
La alimentación en el espacio no es solo una cuestión de calorías y vitaminas. Para las tripulaciones de la Estación Espacial Internacional (МКС, por sus siglas en ruso), cada comida se convierte en un verdadero desafío. Incluso los platos más apetitosos pierden su sabor habitual en órbita y el placer de comer disminuye notablemente. La causa radica no solo en las particularidades de la cocina espacial, sino también en los cambios fisiológicos que experimenta el cuerpo humano en condiciones de ingravidez.
Cuando una persona llega a la órbita, los líquidos en el cuerpo se redistribuyen. Esto provoca hinchazón de las mucosas, especialmente en la nariz. Como resultado, el sentido del olfato se atenúa y, con él, desaparece gran parte de la percepción del sabor. Al fin y al cabo, los olores determinan hasta el 80% de lo que consideramos gusto. Sin ellos, incluso los platos picantes o dulces parecen insípidos.
Experimentos en órbita
Los astronautas han señalado en más de una ocasión que los alimentos habituales se perciben de forma diferente en el espacio. Por ejemplo, la lechuga cultivada en la МКС les resultó más amarga que en la Tierra. En otro experimento, la tripulación fermentó miso directamente en la estación. El resultado fue sorprendente: el sabor se volvió más a nuez, algo que los científicos atribuyen a cambios en el comportamiento de los microorganismos en condiciones de ingravidez.
En 2023, un grupo de investigadores de la Universidad RMIT (Royal Melbourne Institute of Technology, Australia) llevó a cabo un experimento inusual. Los voluntarios, mediante gafas de realidad virtual, se sumergieron en una simulación del entorno espacial y probaron diferentes aromas. Descubrieron que los olores de vainilla y almendra se percibían con mayor intensidad en «ingravidez», mientras que el del limón casi no variaba. Los científicos explican esto por las particularidades de las moléculas de benzaldehído, responsables de las notas dulces en estos aromas, así como por la sensibilidad individual a los olores.
Psicología y apetito
Sin embargo, la fisiología no es el único factor. El estado psicológico de la tripulación también influye en la percepción de los alimentos. El aislamiento prolongado, la comunicación limitada y la monotonía del entorno reducen el interés por la comida. Incluso si la congestión nasal desaparece tras unas semanas, el placer de comer no se recupera completamente. Esto se convierte en un problema serio para misiones prolongadas, como la preparación de viajes a la Luna o Marte.
Una ingesta insuficiente de alimentos puede llevar a la pérdida de peso, la disminución del rendimiento e incluso a riesgos para la salud. Por eso, los científicos buscan formas de que el menú espacial sea no solo nutritivo, sino también atractivo para los astronautas. Una opción es la personalización de sabores y aromas, para que cada miembro de la tripulación pueda disfrutar de la comida incluso en condiciones de ingravidez.
Aplicaciones en la Tierra
Los resultados de la investigación espacial también se aplican en la Tierra. Por ejemplo, en residencias de ancianos u hospitales, donde las personas a menudo pierden el apetito debido a la disminución del olfato o a factores psicológicos. La personalización de aromas y sabores ayuda a aumentar el interés por la comida y a mejorar la calidad de vida.
Los científicos están convencidos de que, si se logra encontrar las combinaciones óptimas de sabores y aromas para el espacio, esto también beneficiará a quienes enfrentan problemas de alimentación en la Tierra. En el futuro, estas tecnologías podrían convertirse en un estándar en instituciones donde es fundamental mantener una nutrición adecuada.
El futuro de la cocina espacial
La alimentación en órbita no es solo una cuestión de supervivencia, sino también parte fundamental del bienestar psicológico de la tripulación. Nuevas investigaciones abren posibilidades para crear menús personalizados que tengan en cuenta no solo las necesidades fisiológicas, sino también las emocionales de cada persona. En los próximos años, los científicos planean continuar los experimentos con aromas y texturas para que la comida espacial sea lo más agradable y beneficiosa posible.
Si no lo sabías, RUSSPAIN.COM informa que la Estación Espacial Internacional (ISS) es el mayor proyecto conjunto de Rusia, Estados Unidos, Europa, Japón y Canadá. A bordo de la estación se realizan regularmente experimentos en medicina, biología y nutrición, que ayudan no solo a los astronautas, sino también a millones de personas en la Tierra. Las investigaciones en el ámbito de la alimentación espacial son financiadas por organismos públicos y empresas privadas, y sus resultados se aplican en campos tan diversos como la medicina y la industria alimentaria.












